Poca agua y poco desarrollo sostenible

Sábado 06 de Junio de 2009
Carmelo Marcén, Publicado en Heraldo de Aragón, 06/06/2009 Es el momento de hacer un primer balance sobre el impacto de Expo 2008, por lo que son bienvenidas las voces de quienes la gestionaron y se interrogan ahora acerca de su legado. Dan muestra de que se tenía una intención transformadora a la hora de programar el evento, aunque sorprenden a los ciudadanos las dispares interpretaciones que formulan.

Llevar a buen puerto un proyecto tan ambicioso requirió enormes esfuerzos y coordinarlo fue una tarea que solamente se pudo completar con destreza e implicación. Es de justicia reconocer el trabajo global, los aciertos objetivos, visibles sobre todo en el desarrollo de infraestructuras y en la atracción de visitantes, mientras que los intangibles, relacionados con la búsqueda de la participación ciudadana en la mejora de la gobernabilidad, son más cuestionables. Nada más finalizada la Expo, estos mismos responsables, junto con políticos y los agentes sociales mostraban en un sondeo publicado por este periódico su alto grado de satisfacción y añadían argumentos económicos y de número de visitantes para justificar su postura. De la imagen global del agua poco decían.

Desconocemos si las críticas que ahora se formulan, así como las valoraciones positivas anteriores, se basan en investigaciones no publicadas, o son fruto de intuiciones personales o desacuerdos en las líneas de acción. La actuación de los gestores públicos y las imágenes que guardan quienes visitaron la muestra servirían sin duda para medir el legado. Habría que interrogar a unos y otros para saberlo.

Cuando se programan acciones para la mejora de la cultura social se ha de elaborar un plan de intervención basado en un proceso previo de formalización de ideas. No se trabaja con objetos sino con personas que viven el agua de una forma concreta y deben construir un futuro global diferente, por lo que el plan ha de concretar objetivos, métodos y estrategias de intervención e indicadores de evaluación. Habrá que reconocer, y hacer explícitos a administraciones y ciudadanos, los rasgos que se quieren cambiar y buscar los mejores escenarios para conseguirlo; después evaluar resultados con investigaciones serias.

El esparcimiento no debería estar reñido, lo mismo a escala individual que colectiva, con la construcción de cultura social, pero por ahora en nuestra sociedad cuesta mucho conseguirlo. Los organizadores lo sabían y parece que no lograron elaborar una propuesta compensada entre diversión, por un lado, y formación y participación, por otro. Quizás no supieron hacer explícitos a los gestores sociales el relevante papel que debían desempeñar durante y después de la muestra. Tampoco parece un buen sistema para componer una imagen ciudadana global del agua que los visitantes llegasen a los pabellones tras largas colas, muchas veces ávidos por acumular el pabellón en su lista o por presenciar el audiovisual o el espectáculo ofrecido. Además, el interés de los visitantes podía responder a los reclamos de diversión antes que a la participación en la construcción de una diferente imagen del agua. Puede que la preocupación por incrementar el número de visitantes ocultase la relevancia transformadora de la muestra.

La acción desarrollada en la Tribuna y el Faro maquillaba el despiste formativo. Allí se expusieron ideas y se compartieron estrategias en torno a agua y desarrollo sostenible que llegaron sin duda a los gestores sociales que debían interpretarlas y canalizarlas. No pueden perderse sus conclusiones, pues eran los únicos ámbitos en donde las relaciones entre las personas y el agua eran las protagonistas.

Muchos nos preguntamos qué ha sucedido con el legado Expo. Se supone que existía un interés real para que trascendiese, y que así lo percibieron los centenares de representantes políticos y sociales que asistieron a la presentación de la Caja azul en el Palacio de Congresos. En todos los parlamentos institucionales se escucharon valoraciones muy positivas y compromisos. Parece que poco se han aplicado quienes las formularon o escucharon, quizás frenados por la autocomplacencia, o puede que sus gestiones todavía no tengan resultados evidentes. Sin embargo, aún se puede recuperar el tiempo perdido y entre todos convertir Zaragoza en una referencia internacional en la apuesta por mejorar la gobernabilidad del agua.
 
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