La salud de las mujeres y el medio ambiente

Carmen VallsPor Dra. Carme Valls-Llobet
CAPS - Centro de Anàlisis y programas Sanitarios.
caps@pangea.org
www.caps.cat
 

 

 

La vulnerabilidad de los seres humanos a la contaminación que procede del medio ambiente depende de la edad y del sexo de las personas expuestas. De la edad, porque el sistema nervioso central es más vulnerable durante su formación, en el desarrollo embrionario del feto y durante la primera infancia, y  también durante la decadencia del sistema nervioso en las personas mayores a partir de los 65 años. La influencia del sexo se debe a la diferencia en materia grasa del cuerpo de las mujeres, un 15% más que el de los hombres, lo que las convierte en un bioacumulador químico de las sustancias liposolubles.

Además los productos que afectan al sistema nervioso central tienen su entrada facilitada por hormonas y neurotransmisores del propio cuerpo, entre ellos los estrógenos, por lo que su cerebro se verá más afectado que el de los hombres estando expuestos a la misma cantidad de exposición química. Además la carencia de reservas de hierro, de predominio femenino por la menstruación en edad reproductiva, hace más vulnerable el cerebro a minerales y químicos ambientales. Existen también diferencias en las condiciones de trabajo y en la división de tareas que hacen que las mujeres estén más expuestas que los hombres a agentes químicos potencialmente tóxicos.

Las puertas de entrada de los contaminantes en el cuerpo son la vía aérea, los alimentos, el agua, y también las radiaciones electromagnéticas y las radiaciones ionizantes y no ionizantes.

Agua

Los contaminantes químicos hidrosolubles y los metales pesados pueden introducirse en los seres humanos y en los peces o moluscos a través del agua de ríos y mares. Muchos son los ejemplos de estos efectos, como es el escaso desarrollo de los caracteres de los peces y moluscos machos en las cercanías de los deltas de los ríos o de las rías gallegas. El hecho de haber encontrado en las aguas del río Ebro frente al pueblo de Flix gran cantidad de detritus procedentes de las fábricas cercanas, con hexaclorobenceno y otras sustancias, y que los niños de esta localidad ya nazcan con niveles altos de estos productos en el cordón umbilical, son ejemplos de cómo la contaminación ambiental puede afectar a los seres humanos y de la persistencia de contaminantes en las aguas (1).

Aire

A través del aire se pueden transmitir los contaminantes volátiles, como los insecticidas que por sus usos agrícolas o de desinsectación de locales, hoteles, escuelas, piscinas, servicios de transporte público, o containers que recogen residuos, han de ser sometidos a frecuentes desinsectaciones. Pero también los hidrocarburos procedentes de la combustión de gasolina a través del tubo de escape de los coches son un contaminante ya que actúan como disruptor endocrino y contienen metales pesados como el plomo.  Al uso extendido de las aplicaciones de insecticidas se une la procedente de emisión de gases de otros gases como oxido nitroso, el anhídrido carbónico y los sulfatos procedentes de la industria química o de las altas concentraciones de vehículos en las autopistas y autovías. Tanto en el caso del agua como en el del aire podríamos hablar de una verdadera globalización de la contaminación.

Alimentos

Los alimentos pueden contener algunos de los productos orgánicos persistentes que se disuelvan en medios grasos (liposolubles) como la carne, el pescado, la leche y derivados, de los medios en los que viven los animales que luego se utilizan para el consumo humano. También en casos de fraude contra la salud pública, se han descubierto contaminaciones por uso de piensos para cuya fabricación se han utilizado aceites industriales (recuérdese el caso de los pollos belgas) o antitiroideos, derivados estrogénicos, clembuterol, u otros para simular un peso más alto de los animales en el momento de llevarlos al matadero.

Convenio de Estocolmo

El denominado Convenio de Estocolmo de 2001, ratificado en el año 2005, definió doce productos cuya eliminación sería prioritaria para todos los países del mundo dados sus efectos tóxicos, su presencia en muchos niveles de medio ambiente y su persistencia en el interior del cuerpo humano, dado que todos ellos son productos organoclorados. Se denominó a estas sustancias Contaminantes Orgánicos Persistentes  (COP) (en inglés, POPs, Persistent Organic Pollulants). Estos productos son: aldrín, PCB, clordano, DDT, dieldrín, dioxinas, endrín, furanos, heptacloro, hexclorobenceno, mirex y toxafeno.

Los efectos de algunos agentes químicos como los pesticidas, disolventes, gases anestésicos, derivados de los ftalatos, dioxinas, bisfenoles policlorados y productos derivados de la combustión de la gasolina, tienen efectos sobre  la salud que se manifiestan como:Teratógenos; Genotóxicos; Inductores de cambios en la salud reproductiva y en el desarrollo del feto; Disruptores endocrinos, tanto de salud reproductiva como de incremento de Hormona de Crecimiento y tumores hipofisarios; Carcinogénicos; Neurotóxicos; Hipersensibilidad química múltiple; e Inductores de procesos autoinmunes y alteraciones de la inmunidad; Inductores de fatiga crónica y de fibromialgia (2).Todos los efectos son negativos para la salud, pero los cuatro primeros afectan también a la salud del feto en el caso de embarazo, y al desarrollo durante la primera infancia y  los siete últimos afectan sobre todo a la salud de las personas expuestas y en especial a la salud de las mujeres, que por sus características biológicas, y por sus condiciones de trabajo están más en contacto  y son más vulnerables a algunos agentes químicos ambientales.

El incremento del cáncer ocupacional entre las mujeres

Ha sido difícil evaluar el incremento en cáncer ocupacional en el sexo femenino, debido la inexistencia de trabajos de investigación en este campo en que se incluyan mujeres, tal como demostramos que había ocurrido con los problemas cardiovasculares de las mujeres.

Una revisión de 1.233 trabajos epidemiológicos sobre cáncer ocupacional publicados entre 1971 y 1990 puso de manifiesto que sólo  un 14% presentaba algún análisis de resultados con mujeres blancas y el 2% con mujeres de otras etnia (3). Por esta razón los documentos que se presentaron en el primer Congreso de Baltimore sobre Salud de las Mujeres: Ocupación, Cáncer y Reproducción, fueron en su mayoría revisiones, y estudios deductivos más que estudios originales en que se estudiaran los problemas específicos de las mujeres en relación  a  sus trabajos.

La segunda conferencia de 1998 ya puso de manifiesto algunas relaciones causales que no habían sido relacionadas anteriormente: la exposición laboral y el incremento de cáncer de pulmón entre mujeres  no fumadoras en Europa; el posible papel de los disolventes en la etiología del cáncer de mama y el cáncer de riñón; el incremento de melanomas, cáncer de vejiga urinaria entre las mujeres agricultoras en Italia; y el aumento de riesgo de cáncer de ovario, estómago y esófago entre mujeres expuestas al benceno, talco contaminado con asbesto, y otros productos en la industria de impresión en Rusia.

La última conferencia del 2002 estrechó el cerco en las relaciones entre incremento de cáncer y ocupación. Se confirma la relación entre mujeres que presentan leucemia y su exposición a benceno, y a otros solventes, cloruro de vinilo, fármacos antineoplásicos, pesticidas, empleadas de industrias de proceso de alimentos, industria textil o de la confección. Se observa un incremento de cáncer de pulmón entre las mujeres expuestas a asbesto, metales (como arsénico, cromo, níquel y mercurio), trabajadoras de manufacturas de vehículos a motor, servicios de comidas, o cosmetología y peluquerías. El cáncer de vejiga urinaria se incrementa entre mujeres que trabajan en tintorerías, industria textil, de plásticos, de la piel, en la utilización de pinturas, limpieza en seco, y trabajadoras de la asistencia sanitaria. Los tumores cerebrales son más frecuentes entre trabajadoras de peluquerías, asistencia sanitaria, industrias químicas, industrias de plásticos y manufacturas electrónicas y de computadores (4). Los trabajadores de laboratorios biomédicos de Israel desde 1960 a 1997 (5) presentan un incremento de cáncer de tiroides, de ovarios y de mama entre mujeres, y de próstata, melanoma y leucemia entre hombres. En las industrias de curtidos de Bielorrusia las mujeres presentan un incremento de cáncer de páncreas, de cuerpo y cérvix uterino, melanoma y cáncer de riñón (6). Los embarazos entre médicas que trabajan en la especialidad de anestesia  tienen más factores de riesgo con niños con bajo peso al nacer, índice más alto de mortalidad perinatal, e incremento de hijos con malformaciones congénitas del sistema cardiovascular. (7) (8)

Es necesario estimular la investigación en las relaciones de las enfermedades que presentan mujeres y hombres y los contaminantes medioambientales, para poder realizar adecuadas tareas de prevención, y limitar la utilización de insecticidas, estimular la agricultura ecológica, y cumplir el Convenio de Estocolmo para eliminar los Compuestos Orgánicos Persistentes en todo el mundo.



1- Ribas, N. y Sunyer, J.  (2003). “Breastfeeding, Exposure to Organochlorine Compounds, and Neurodevelopment  in Infants”. Pediatrics, 111, e580-e585.

2- Valls-Llobet, Carme. “Efectos a corto. Medio y largo plazo de sustancias químicas en la salud”. QUADERN CAPS-CADS. 2008.

3- Zahm, S. H. et Blair, A. (2003). “Occupational cancer among Women: Where Have Been and Where are We going?” American journal of industrial medicine, 44(6), 565-75.

4- Zahm, S. H., Ward, M. H y Blair, A. (1997). Pesticides and cancer. Occupational Medicine. 12(2), 269-89. Review. 

5- Shaham, J., Gurvich, R. y Kneshet, Y. (2003). “Cancer incidence among laboratory workers in biomedical research and routine laboratories in Israel: Part II-nested case-control study”. Am J Ind Med. 44(6), 611-26.

6- Veyalkin, I. V. y Milyutin, A. A. (2003). “Proportionate cancer mortality among workers in the Belarussian tanning industry”. American Journal of Industrial Medicine, 44(6), 637-642.

7- Pharoah, P. D., Day, N. E., Duffy, S., Easton, D. F. y Ponder, B. A. (1997). “Family history and the risk of breast cancer: a systematic review and meta-analysis”. Int J Cancer,71, 800-9. 

8 - Ribas-Fitó, N., Sunyer, J., Sala, M.y Grimalt, J. O. (2003). “Cambios en las concentraciones de compuestos organoclorados en las mujeres de Flix, Tarragona” . Gac Sanit, 17(4),  309-311.
 

 

 

 
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