Principios en los que se asientan nuestras prácticas de cooperación

  1. Desarrollo humano. La sostenibilidad es inviable si no se asienta en el reconocimiento y libre ejercicio de las capacidades humanas. Solo garantizando a todas las personas su capacidad de elegir libremente lo que quieren ser y hacer es posible la sostenibilidad. Para elegir con libertad es imprescindible garantizar un conjunto mínimo de oportunidades en las que la capacidad de elegir tiene lugar. Es por ello por lo que en nuestra concepción del desarrollo las personas ocupan el lugar central y la mejora de sus condiciones para ampliar sus capacidades de elección deben ser el objetivo de nuestras intervenciones.
  2. Lucha contra la pobreza. Somos conscientes de que la capacidad de elegir libremente se ve sistemáticamente bloqueada por las diferentes dimensiones de la pobreza. Rentas insuficientes, necesidades básicas insatisfechas, degradación e injusticia ambiental, desigualdad entre mujeres y hombres, privación de los derechos humanos, inseguridad… son algunas de las formas de privación que excluyen a una gran parte de la población mundial de la construcción de un mundo sostenible. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en tanto agenda compartida por la comunidad internacional en su lucha contra la pobreza, son el referente programático en el que enmarcamos nuestras intervenciones.
  3. Compartimos una concepción del desarrollo basada en los derechos. La sostenibilidad solo podrá ser realizada en tanto los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y el propio derecho al desarrollo de los pueblos, sean garantizados.  Si los derechos de las personas son el referente principal de nuestras actuaciones, nuestras intervenciones reflejan tanto la cooperación con los desposeídos de sus derechos para que puedan ejercerlos como la denuncia y la exigencia de su restauración ante quienes les impiden su legítimo ejercicio.
  4. Participación / Empoderamiento. Acompañar / respetar la identidad de los pueblos del sur. El Programa 21 surgido en Río 92 para promover el desarrollo sostenible identificó la participación de la gente como uno de los elementos clave para iniciar las acciones que a escala planetaria deberían movilizar a la población y a las autoridades locales y nacionales hacia comportamientos sostenibles. Reconociendo la validez de la participación como instrumento fundamental en el camino hacia la sostenibilidad, el camino recorrido en este tiempo, y nuestra propia experiencia, nos ha llevado a la convicción de que la participación debe trascender la mera consulta y el recuento y consideración de las opiniones de la gente. La participación debe ir vinculada al empoderamiento y a la facilitación de los procesos, que desde las organizaciones locales se impulsan, para conseguir una mayor visibilidad de sus luchas, acciones y demandas. Es, por tanto, un proceso enimentemente político que debe permitir a las personas ejercer plenamente sus derechos de ciudadanía y participar plenamente en los asuntos públicos de sus comunidades. Considerando la diversidad de instituciones y espacios de participación en cada cultura, nuestras intervenciones ayudan a que todas las voces sean tenidas en cuenta, apoyando la participación de las personas con menor reconocimiento social, generalmente las que se encuentran más lejos de los centros de poder, desde la escucha atenta de sus necesidades. 
 
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