El embalse de San Salvador nos enseña el valor del acuerdo construido sobre una visión estratégica y la voluntad de diálogo de todas las partes

Miércoles 07 de Octubre de 2015

Desde ECODES, como promotores de la Iniciativa Social de Mediación, queremos felicitar a la sociedad aragonesa en su conjunto, y en especial, a los protagonistas de lo que fue un conflicto enconado y enquistado, por haber sido capaces de alcanzar este acuerdo.

Queremos aprovechar la ocasión, además, para extraer las lecciones que nos dejó este proceso y que podrían aplicarse hay a tantos otros conflictos.

El próximo jueves será un día de celebración: se inaugurará el embalse de San Salvador y se habrá puesto fin a más de veinte año de conflicto, que fueron el final de casi cien años de enfrentamientos entre la Comunidad General del Canal de Aragón y Cataluña y los vecinos del Ésera por el propósito de construir embalses en el cauce del río (Barasona, Lorenzo Pardo, Campo o Comunet).

Para entender el proceso es necesario recordar sus hitos fundamentales:

La Comunidad General del Canal de Aragón y Cataluña reivindicaba agua para regar sus 104.850 hectáreas repartidas entre las provincias de Huesca y Lérida, así como para garantizar el agua para algunos nuevos regadíos sociales largamente solicitados y prometidos.

La primera opción que se barajó en los años setenta fue la construcción de un embalse de gran capacidad (640 Hm3) en la localidad de Campo. Posteriormente, se decidió reducir la capacidad y se optó por el pantano de Comunet, que fue descartado en 1991. En ese momento apareció el proyecto de Santaliestra (80 Hm3), en la cerrada de San Martín, que se debería combinar con una serie de balsas de almacenamiento. Pero este proyecto implicaba una importante afección a la localidad de Santaliestra: Si bien es cierto que no se inundaban sus casas, la cerrada del pantano se situaba aguas arriba del casco urbano y a sólo 800 metros del mismo, e inundaba unas 250 hectáreas del valle en los términos municipales de Santaliestra y Foradada del Toscar. Además, existían diversos estudios que ponían en duda la estabilidad geológica de la zona y, por tanto, la seguridad de la actuación.

Los vecinos de la localidad pronto manifestaron su oposición al proyecto de pantano y fueron recurriendo por la vía legal cada uno de los pasos que se fueron dando de cara a su construcción. Las protestas incluyeron manifestaciones, huelgas y episodios de desobediencia.

Al conflicto social hay que unir la judicialización del problema, que contó con  una sentencia que declaraba ilegal y anulaba la aprobación del proyecto de construcción del embalse mientras quedaba todavía pendiente una querella criminal que había presentado el Ayuntamiento de Santaliestra contra nueve altos cargos del Ministerio y en el que la fiscal había observado indicios de diversos delitos durante el proceso de tramitación del proyecto.

En este contexto intervino en el año 2002 la Iniciativa Social de Mediación; en un primer momento como un grupo de personas independientes de la mano de ECODES, a lo que luego se sumó el apoyo del Gobierno de Aragón en el marco de la Comisión del Agua.

La complejidad del asunto llevó a defensores y detractores del proyecto a entender la pertinencia de intentar llegar a un acuerdo buscando alternativas. Pronto se pensó en la opción del embalse de San Salvador, y aunque la propuesta no satisfacía todas las demandas, aportaba una solución rápida a la necesidad de contar con más agua y, además, suponía embalsar en el llano y retiraba la amenaza sobre el municipio de Santaliestra. Por otro lado, con la opción de San Salvador, se introducían criterios de modulación que permitían una mejor gestión.

Ayudó también al proceso que la Junta de regantes se mostrara dispuesta a adelantar el coste de la realización del nuevo proyecto de San Salvador optimizado, lo que sin duda allanaba el camino.

Fruto del esfuerzo hecho por todos los actores, -la Junta General de Regantes de Aragón y Cataluña, la Asociación Cultural por la Defensa del Ésera -ACUDE-, COAGRET, el municipio de Santaliestra, el Gobierno de Aragón y el propio Ministerio de Medio Ambiente-, la Iniciativa Social de Mediación pudo facilitar con éxito la obtención del acuerdo.

 

Lecciones aprendidas: Una visión global que permita diferenciar los fines de los medios, voluntad de diálogo y conocimiento.

  • Desde la Iniciativa Social de Mediación, ya en aquel momento, apostamos por abordar el conflicto en su globalidad: tanto la satisfacción de las demandas de agua de los regantes, como la fractura generada en la zona y que se visualizaba de una manera clara en los procesos judiciales pendientes.
     
  • Esta visión global fue la que hizo posible una mirada estratégica para aprender a distinguir entre los fines y los medios, entendiendo que los embalses siempre son medios y no pueden ser los fines que mantengan el eje del debate.
     
  • También fue imprescindible contar con el conocimiento de expertos en distintas materias que formularon alternativas viables para dar respuesta a las necesidades demandadas generando el menor daño posible. Así, diversos estudios y replanteamientos del proyecto permitieron ampliar la capacidad de San Salvador hasta casi los 130 Hm3, lo que multiplicaba por 5 lo previsto inicialmente y compensaba con creces los 80 Hm3 de Santaliestra.
     
  • Pero nada de esto hubiera sido posible si no fuera por la voluntad de sentarse a hablar hasta llegar a un acuerdo, con los medios necesarios para facilitar el encuentro, pero partiendo del convencimiento de las partes de que el mantenimiento del conflicto era la peor de las opciones.

 

Fruto de esta experiencia, y de otras similares que vivimos en su momento en los otros conflictos abordados por la Iniciativa Social de Mediación, desde ECODES queremos felicitar al conjunto de la sociedad aragonesa, y a los protagonistas en particular, por haber conseguido llegar a este acuerdo que demuestra que es posible acabar con buena parte de los conflictos, por muy enquistados que parezcan, mediante el diálogo y la búsqueda del consenso.

Aprender a escuchar y entender al otro, asumir que tiene parte de la razón, y diferenciar los medios de los fines, son algunas de las enseñanzas que este caso nos legó, y que podrían ser aplicadas en muchos de los conflictos que la sociedad aragonesa tiene hoy abiertos.

 
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