Ojalá el cierre definitivo de Garoña sea el principio del cambio de modelo

Miércoles 02 de Agosto de 2017

Unas consideraciones sobre la energía nuclear en España y cuatro criterios para gestionar el cierre de Garoña.
 

Desde Ecodes queremos mostrar nuestra alegría por el anuncio hecho por el Ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Naval, de no reabrir la central nuclear de Garoña, paralizada desde diciembre de 2012. Creemos que este anuncio supone el éxito de la racionalidad y ojalá suponga también el inicio de una nueva política energética.

Es momento de celebrar esta victoria colectiva: Gobiernos de Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, y buena parte de la sociedad civil, con especial protagonismo del movimiento ecologista, han sido piezas clave en esta decisión. En especial, queremos mostrar nuestro reconocimiento y agradecimiento a quienes más han trabajado en esta línea: A Mario Gaviria, sociólogo, afincado en el valle del Ebro y luchador incansable por el cierre de las centrales nucleares; y a Greenpeace, piedra angular de campañas de sensibilización, informes técnicos y seguimiento riguroso del debate nuclear en España. Si bien este anuncio supone un éxito colectivo, no es menos cierto que la aportación tanto de Mario Gaviria como de Greenpeace, ha sido crucial para que llegara este momento.

Durante estos años, entidades ambientales, ayuntamientos y comunidades autónomas, hemos generado un movimiento de reflexión, crítica y propuesta que nos ha llevado a demandar el cierre definitivo de Garoña, el desmantelamiento del resto de centrales nucleares en un plan a corto plazo, y el desarrollo de un nuevo modelo energético que nos lleve, cuanto antes, a un escenario de energía 100% renovable, imprescindible en la lucha contra el cambio climático.

La Agenda 2030, que recoge los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París, implica necesariamente un giro en las políticas energéticas para reducir las emisiones de CO2 sin necesidad de asumir los enormes riesgos y costes económicos, sociales y ambientales que supone la energía nuclear.

Esta transición, que debería iniciarse cuanto antes, debe planificarse desde criterios de "transición justa", planteando alternativas de desarrollo para las zonas que se vean afectadas por este cambio de modelo, tanto en el caso del desmantelamiento de centrales nucleares, como del  cierre de centrales térmicas, de forma que se planteen alternativas de desarrollo sostenible para las zonas que se vean afectadas por la transición.

Hoy, queremos recordar las razones que nos llevaban a pedir la no reapertura de Garoña, y hacerlas extensibles a buena parte de las centrales nucleares que existen en España.
 

1) Por razones éticas nunca debió haberse puesto en marcha una tecnología de un riesgo tan elevado y en la que no se es capaz de controlar el ciclo completo.  Por un principio de justicia intergeneracional no puede seguir utilizándose la energía nuclear por el enorme riesgo y la hipoteca sobre suelos, aguas, y seguridad sobre las personas que suponen los residuos radioactivos. La inseguridad de este tipo de producción energética, cuyos desastres se pudieron comprobar en Fukushima, hizo que Alemania pusiera en marcha un plan de cierre nuclear. Creemos que es momento que el resto del mundo tome el mismo camino.
 

2) El riesgo de las centrales nucleares es desproporcionado, inaceptable e inasumible. Cada pocos años se produce un accidente grave, incluso en países de alto nivel tecnológico como USA (Three Mile Island) en 1979,  antigua URSS (Chernóbil) en 1986 y  Japón (Fukushima) en 2011. En estos dos últimos casos la gravedad fue la mayor conocida hasta la fecha (nivel 7), llegándose a evacuar un radio de 30 kilómetros alrededor de la central.

Las personas fallecidas hasta la fecha en el accidente de Chernóbil son difíciles de calcular por la opacidad de las autoridades soviéticas de la época, aunque Ucrania está mostrando mayor transparencia. Greenpeace ha calculado que ascendieron a 200.000 y otros 93.000 podrían fallecer en el futuro por enfermedades producidas por la radiación.  Las personas desplazadas alcanzaron la cifra de 116.000 en Chernóbil y 170.000 en Fukushima. El coste estimado provisional ha sido de 280.000 millones de euros  en Chernóbil y de 166.000 en Fukushima.

En el caso de Chernóbil 600.000 "liquidadores" (mineros, ejército y fuerzas de seguridad) arriesgaron -y muchos de ellos perdieron- su vida en una operación muy arriesgada y de gran generosidad, que salvó a Europa. En el caso de Fukushima los responsables de protección civil informaron a su gobierno de la imposibilidad de llevar a cabo el desalojo de Tokio que le había sido solicitado evaluar y que estuvo muy cerca de ser necesario.
 

3)  El riesgo de las centrales nucleares no se limita al ciclo productivo, sino que incluye circunstancias meteorológicas (como ocurrió en Japón), terremotos o, especialmente el terrorismo. No podemos dejar que nuestro país dependa de un sabotaje o un avión estrellado sobre una central.
 

4) Garoña no era necesaria para cubrir la demanda energética española, y la producción del resto ronda el 20% de la demanda, pudiendo sustituirse por energías renovables  como está haciendo Alemania. Cuando Garoña dejó de funcionar en 2012 tan sólo producía el 1,5% de las necesidades de nuestro país (en torno a 3.700 GWh/año). Pero es que además las cinco centrales españolas actualmente en funcionamiento tan solo producen el 20% de la demanda. Hay que recordar además que actualmente tenemos una importante sobrecapacidad de producción en oferta que dobla la demanda. (96.000 MW de potencia instalada en 2012 por tan solo 46.000 MWh necesarios en puntas de demanda). No ampliar las actuales licencias de nuestras centrales supondría un cierre escalonado de todas ellas en siete años (la última sería Trillo en 2024), plazo que permite sin dificultad sustituir su producción con los medios actuales (una transición mediante aumento de renovables y mayor utilización de las centrales ya existentes de ciclo combinado puede resolver fácilmente la situación). Alemania, con una aportación de sus centrales nucleares de entorno al 20%( como España) ha decidido cerrarlas y está demostrando que ello es viable.
 

5) Garoña es una ruina y la energía nuclear tiene alas de plomo en todo el mundo.  El mundo empresarial, especialmente tras Fukushima, está abandonando una energía que resulta cada vez más cara y que no puede competir con otras fuentes cada vez más baratas.

Iberdrola (accionista del 50% de Garoña, 52,7% de  Almaraz , 100% de Cofrentes y  40% de Trillo) ya venía anunciando que  no le resultaba rentable reabrir Garoña. Westinghouse Electric (la  mayor empresa constructora de nucleares en el mundo y la que aportó la tecnología de Garoña) quebró hace unos meses por el aumento de costes de construcción de nuevas centrales en USA. En Japón la empresa TEPCO, dueña de la central accidentada (y de las otras cincuenta que tuvieron que cerrar por el accidente) ha quebrado y ello a pesar de que también tenían un límite económico de 1.000 millones de dólares.

Y ello es así sin contabilizar el coste del riesgo de accidentes. Es poco conocido que las empresas propietarias en todo el mundo (por el Convenio de París de 1960) tan solo asumen riesgos por cantidades muy limitadas. En España el límite está en 1.200 millones de euros. El resto corre por cuenta de los gobiernos. Si las centrales tuvieran que asegurar los riesgos reales se estima que, en el hipotético caso de que encontrasen aseguradoras para ello, el precio de la producción se multiplicaría por tres. Los supuestos bajos costes de la energía nuclear esconden que no pagan los riesgos ni el larguísimo tratamiento de los residuos. Es además una competencia desleal con todo un mundo empresarial que debe asegurar los riesgos de su actividad al cien por cien.
 

6) Garoña y el resto de centrales nucleares han dejado de ser competitivas. Los últimos concursos de energía eólica en nuestro país han encontrado ofertas empresariales sin subvenciones. Los acuerdos de París contra el cambio Climático (COP 21)y el despegue de las renovables en el mundo, especialmente en China y USA abren un futuro esperanzador para unos precios de producción en descenso vertiginoso. Las nuevas tecnologías de almacenamiento de energía (para el transporte, vivienda y empresas) han cambiado un escenario en el que las nucleares son una rémora arcaica que debe desaparecer lo antes posible. Ni tan siquiera su no dependencia de combustibles fósiles resuelve la dependencia exterior para España, dada la necesaria importación del uranio utilizado como combustible.

El desarrollo exponencial de la energía renovable y su almacenamiento barato y sencillo rompen también el único argumento que todavía utilizan los defensores de las nucleares: su no contribución al cambio climático. De todas las tecnologías eléctricas que no usan combustibles fósiles, teniendo en cuenta todo su ciclo de vida completo, la energía nuclear es la que más CO2 emite, más que cualquier renovable

España puede cumplir sus compromisos de la Cumbre de París de reducción del CO2 cerrando las nucleares en siete años. Las cifras de reducción de 2016 lo confirman.
 

7) Los empleos que se pierden con el cierre definitivo de las centrales nucleares se compensan ampliamente con los que se precisan para su desmantelamiento y aumentan considerablemente con los que se crearían en las energías de reemplazo.  En la central ya cerrada de Zorita el 90% de los puestos de trabajo con que contaba en funcionamiento se precisan ahora para su desmantelamiento. Recordemos que aunque se cierren todas en siete años el proceso dura entre 10 y 15 años desde el cierre de cada una de ellas. Estudios como el de Abay Analistas (impulsado por Greenpeace) estiman en 300.000 los puestos de trabajo que crearía el cierre de las centrales españolas (100.000 en el desmantelamiento y 200.000 en las empresas productoras de la energía de su sustitución).

A esto hay que añadir que en España los empleos de las centrales nucleares se encuentran sólo en actividades de mantenimiento del funcionamiento de la central, ya que el resto de actividades dependen en buena medida de la importación, al carecer de tecnología nuclear propia ( los equipos, el combustible nuclear y la gestión de buena parte de los residuos).
 

8) El cierre definitivo de Garoña contribuirá a cerrar el camino de la prórroga del resto de centrales.  El pulso político y social actual es importante para no abrir la puerta de las prórrogas a unas centrales que nunca debieron construirse y menos todavía mantenerse en explotación por encima de los cuarenta años de vida útil previstos. Sustituir las nucleares por  energías limpias y renovables ayudará a cambiar un modelo sin futuro y a volver a poner a nuestro país en la vanguardia de la investigación y producción de las mismas, como se logró antes del parón actual. En el ámbito internacional menos plantas de energía nuclear también ayudará a menor riesgo de ser utilizada su tecnología con fines militares.
 

Una vez anunciada la no reapertura de Garoña, desde ECODES queremos recordar la importancia de que su desmantelamiento se haga correctamente y para ello, planteamos los siguientes criterios:
 

1) El coste del desmantelamiento no debe hacerse con dinero público. Deben ser las empresas que las construyeron y explotaron las que se hagan cargo. El fondo previsto para este fin y que se nutre de las aportaciones de estas empresas tan solo cubre actualmente el 30% de un coste total que asciende a 20.000 millones € y sin embargo estas centrales ya han cubierto el 84% de su vida útil. El Gobierno debe garantizar que no será una vez más el dinero de todos quien cubra lo que debe ser aportado por las empresas que se han beneficiado de estas centrales. Esta situación probablemente explique el sorprendente interés del gobierno en prorrogar muchos años todas las centrales.

 

2) El almacenamiento de los residuos radioactivos debe hacerse de forma rigurosa y segura para la población. Debe estudiarse seriamente la opción de tratar los residuos allí donde se han producido, con lo que se reducirían los costos, se evitaría su complejo, peligroso, caro y controvertido transporte y la gran dificultad de crear un gran centro único.

 

3) El cierre de las centrales puede y debe hacerse de manera que no afecte a la estabilidad del sistema, ni al déficit tarifario, ni al balance comercial energético de nuestro país.

 

4) Las energías que sustituyan al 20% que actualmente aportan las nucleares deben ser renovables, pudiendo alcanzarse desde el inicio en torno el 60% y aumentando progresivamente a medio y largo plazo.

 


 

Para contactar con ECODES:

Víctor Viñuales: 636.99.30.56 victor.vinuales@ecodes.org
Cristina Monge: 615.652.558 cristina.monge@ecodes.org

976.29.82.82 www.ecodes.org


 


Víctor Viñuales, director de de Ecodes, habla de la reciente decisión del Gobierno central de echar el cierre a la central nuclear de Garoña en 'Bueno para ti, bueno para el Planeta', título de la sección semanal de Aquí la radio, de Aragón Radio. [ESCUCHAR]

 
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