El Departamento de Salud y Consumo y la Fundación Ecología y Desarrollo editan una guía sobre los efectos adversos del ruido sobre la salud

Domingo 15 de Febrero de 2009

El Departamento de Salud y Consumo y la Fundación Ecología y Desarrollo han editado una guía que informa sobre las molestias que genera el ruido y sus posibles efectos adversos sobre la salud de las personas expuestas a este contaminante acústico. Dicha guía ha surgido de las aportaciones multidisciplinares del Seminario sobre Salud y Medio Ambiente de Aragón que organizan ambas instituciones.

Dependiendo de la sensibilidad de cada persona y del nivel y el tiempo de exposición, determinados ruidos son acusados por el organismo, y por lo tanto, afectan a la salud de diferentes maneras. En primer lugar, pueden ocasionar un deterioro del sistema auditivo (sordera, dolores de oído, vértigos, etc). Por ejemplo, la Unión Europea estima que escuchar música en reproductores individuales (MP3, teléfonos móviles, etc) más de una hora al día cada semana durante al menos cinco años puede provocar una pérdida irreversible de audición.

Una exposición a la contaminación acústica continuada también puede producir efectos psíquicos nocivos (molestia, pérdida de rendimiento escolar y laboral, irritabilidad, agresividad, insomnio, etc). Incluso puede generar afecciones a funciones vitales (en el sistema cardiovascular, aparato respiratorio y digestivo, o sistema nervioso vegetativo). Se estima que un 40% de la población de la Unión Europea está expuesta habitualmente a niveles de presión sonora y un 20% a niveles de incomodidad acústica (alrededor de 180 y 90 millones de personas respectivamente).

Hay que tener en cuenta también que existen grupos especialmente vulnerables, como las personas con enfermedades o problemas médicos específicos (por ejemplo, hipertensión), los internados en hospitales o convalecientes en casa, los individuos que realizan tareas cognitivas complejas, y otros grupos de población como invidentes, bebés, niños pequeños y ancianos. Además, las personas con problemas de audición son las más afectadas en lo que se refiere a la interferencia en la comunicación oral.

Las fuentes principales de ruido en el exterior de los edificios son el tráfico de vehículos a motor, de trenes y de aeronaves, la construcción y las obras públicas, los espacios de ocio y los que se producen por los ciudadanos. En cuanto al ruido en interiores, las fuentes habituales son los sistemas de ventilación, la maquinaria de oficina y de talleres, los electrodomésticos y el generado por los vecinos. Límites de ruido La guía (que se adjunta en formato pdf) presenta una serie de gráficos con los valores límite recomendados de ruido, tanto en exteriores como en el interior de viviendas, dormitorios, aulas escolares, zonas hospitalarias, zonas industriales, ceremonias y festivales, etc.

Por otro lado, la guía ofrece una serie de consejos para evitar ocasionar molestias, como adquirir electrodomésticos de “bajo nivel de ruido” e intentar no usar los más ruidosos (lavavajillas, lavadoras, aspiradoras, etc) en horarios nocturnos; instalar correctamente los equipos de aire acondicionado y otros aparatos generadores de ruido; realizar actividades ruidosas (práctica de instrumentos musicales, bricolaje, etc) en horarios adecuados y si es posible en habitaciones con aislamiento acústico; utilizar la televisión, radio o equipos de música a volúmenes que no resulten molestos, etc.

En la calle, se recomienda comportarse de manera cívica, evitando producir ruidos innecesarios especialmente en horarios nocturnos. En cuanto a los medios de transporte, es recomendable utilizar el transporte público, practicar una conducción no forzada o agresiva, no hacer sonar el claxon de forma innecesaria y mantener adecuadamente los vehículos. Por lo que respecta a los establecimientos comerciales y de ocio, se recomienda insonorizar adecuadamente los establecimientos.

Por último, en la guía se recuerda que los municipios son las administraciones competentes en materia de ruidos ambientales y que, en la mayoría de los casos, existen ordenanzas municipales que regulan los límites al respecto. Por tanto, para solicitar más información sobre la materia es necesario ponerse en contacto con el respectivo Ayuntamiento.

[VER guía "El ruido, ¿sólo una molestia?"]

 
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