Información, conocimiento riguroso y un diálogo sereno, son las claves que pueden poner fin a los conflictos ocasionados por las riadas

Jueves 31 de Enero de 2013

 

Como cada año, salvo en aquellos casos que hemos de lamentarnos por situaciones de sequía, vemos cómo el Ebro recoge el agua de las lluvias y el deshielo de la nieve, dando lugar a crecidas que saltan los límites habituales del cauce del río y forman parte de la dinámica habitual de un río mediterráneo como es el Ebro.
 
Entre los efectos positivos de estas riadas, como ya se están citando por parte de numerosos expertos, se encuentran las recargas de los acuíferos gracias a la cual se mantiene algo de agua en situaciones de estiaje; la propia limpieza natural que hace el río con estos aumentos de caudal, y que dificulta, entre otras cosas, que este verano volvamos a sufrir las afecciones de la mosca negra que ha encontrado abrigo en las numerosas algas que han poblado el Ebro estos veranos. Por si esto fuera poco, como bien saben los agricultores, aquellas tierras de cultivo que se inundan en periodos de sequía, aumentan notablemente en fertilidad en los años siguientes.
 
Estos efectos positivos, sin embargo, suelen quedar olvidados ante la alarma que estas riadas crean en las poblaciones ribereñas: En unos casos porque los municipios se sienten amenazados y en otros porque la acción humana ha ido comiendo cada vez más terreno al río, cada riada se vuelven a pedir a las instituciones nuevos  dragados cuya ineficacia ha quedado demostrada, o la construcción de nuevas defensas que en algunos casos, si no están bien planteadas, pueden generar más riesgos que soluciones.
 
Ante esta situación, desde ECODES, creemos que es momento de articular un proceso de debate, serio y riguroso, que incorporando todo el conocimiento que existe sobre la dinámica de los ríos, pueda poner en valor los efectos positivos de las riadas y a minimizar las consecuencias más negativas.
 
Hay que encontrar soluciones que den respuesta a las inquietudes concretas y legítimas de los pueblos ribereños, sin menoscabo de lo que nos dice la experiencia práctica de cómo se han abordado estas problemáticas en otros lugares y de lo que nos enseña la ciencia. 
 
 
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