Consumo Colaborativo

Jueves 11 de Agosto de 2011
Tal y como hemos oído en numerosas ocasiones, el consumo es lo que define a las sociedades occidentales. Somos, en efecto, una sociedad de compradores y hemos llegado hasta tal punto, que muchas personas necesitan una vivienda más espaciosa para poder guardar todas sus posesiones.

El consumo colaborativo puede ser una solución para corregir este exceso. En su artículo El auge del Consumo Colaborativo, David Rowan sitúa el consumo colaborativo dentro de una revolución social mediante la cual compartiendo las posesiones se establecería un equilibrio entre el interés particular y el interés de la comunidad. 
 
Este modelo de compartir y alquilar puede lograr crear una conciencia crítica en la sociedad a la vez que otro tipo de “consumidores”. Sin embargo, este reto no es fácil, ya que persiste una barrera psicológica que impide que la relación con los objetos sea únicamente utilitaria. Ya lo señalaba así el filósofo Jean Baudrillard en sus libros “El sistema de los Objetos” y “La sociedad de consumo: mitos y estructura” publicados a principios de los años 70.
 
El consumo colaborativo es un movimiento que se está desarrollando rápidamente y que ofrece unas perspectivas positivas y tangibles. Para su consecución es preciso, por lo tanto, que todos nos cuestionemos nuestra manera de proceder e incluso, en ocasiones, forzar nuestra naturaleza; esa misma naturaleza que nos imposibilita a deshacernos de algunos objetos porque simbolizan tal vez nuestra personalidad o nuestros valores, o simplemente porque nos une a ellos un cariño especial.
 
Debe quedar claro que el consumo colaborativo no significa no poseer nada y llevar un estilo de vida extremadamente austero. Se trata más bien de intentar distinguir lo que necesitamos realmente de las adquisiciones superfluas, de cambiar el hecho poseer bienes por el de beneficiarse de su uso. Así, aquello de lo que podemos prescindir en nuestra vida cotidiana podremos adquirirlo en las redes de consumo colaborativo cuando realmente lo necesitemos. Eso sí, lo indispensable, lo poseeremos. Esta simpe distinción, llevada a gran escala, tendría unos beneficios notorios en nuestras sociedades, pero para ello es necesario un esfuerzo consciente por parte de los “consumidores”, ya que el mercado se empeña en que continuemos siendo compradores. Por último, y no menos importante, hay que evitar que el consumo colaborativo se convierta en lo que ha ocurrido con el reciclaje “tradicional”; es decir, el tranquilizar nuestra conciencia aun permaneciendo dentro del sistema de consumo desmedido. 
 
Resumen y traducción por Ainhoa Mingolarra.
 
 
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