La filtración de miles de comunicaciones secretas por parte de Wikileaks ha sido sin duda uno de los hechos relevantes del 2010 y que influirá en el futuro en maneras que todavía no conocemos. El mundo corporativo no es ni va a ser ajeno a todo ello. A medida que la filtración ha ido conociéndose, han salido a la luz casos que implican directamente a algunas empresas sumidas en prácticas poco éticas. El temor entre el mundo empresarial avanzó cuando Julian Assange advirtió que las grandes empresas son otro de los objetivos de Wikileaks. Las primeras respuestas se plantean cómo pueden las empresas protegerse de fenómenos como éste. Algunas empresas directamente dejaron de prestar cualquier servicio a Wikileaks pensando así en aislar el fenómeno. La tortilla se dio la vuelta cuando muchos internautas reaccionaron airadamente contra estas, dándose de baja de sus servicios o atacando sus webs.
Desde el comienzo de la crisis económica y financiera se comenzó a especular sobre si la RSE podría sobrevivir en una época en la que la prioridad de las empresas debía ser la supervivencia. Algunas tesis señalaban que más bien la crisis sería una prueba de fuego que separaría el grano de la paja, es decir, la RSE estratégica e integrada, de la filantropía y el marketing con causa. Otras tesis iban más allá asegurando que la RSE integrada es un factor que mejora la competitividad, y por tanto, por selección natural, sobrevivirán más empresas con buenas estrategias RSE.
El tema “RSE y crisis” se ha llegado a convertir en un leitmotif de congresos y cursos a lo largo de los dos últimos años, y ha sido documentando pacientemente.
Finalmente la tesis de la criba parece estar en lo cierto. Además, no sabemos si como causa o como consecuencia de ello, el volumen de fondos invertidos con criterios de responsabilidad social ha crecido más que los que no contemplan estos criterios y el número de empresas que publican informes de sostenibilidad ha seguido aumentando de forma notable. No hay que perder de vista que la crisis financiera ha generado una crisis de la credibilidad de muchas empresas y, en un momento en que los ciudadanos demandan que toda organización asuma sus responsabilidades, dar dejar de lado la RSE podría no ser una buena idea en este momento.
4. Los bonus no se tocan
Cuando Alan Greenspan reconoció que había sido un error tener tanta fe en el poder de autorregulación de los mercados, pensamos que algo iba a cambiar para siempre en los mercados financieros. El mercado se había mostrado incapaz de controlar el reparto de los riesgos financieros, algo que a la larga desencadenó la crisis financiera. Los más optimistas vieron la crisis como una oportunidad única para refundar el capitalismo sobre bases éticas, las del esfuerzo y el trabajo y las de la responsabilidad. A finales de 2008 el Presidente del gobierno Francés Sarkozy proclamó triunfalmente que…“la autorregulación para resolver todos los problemas, se acabó; le laissez faire, c'est fini".
En el juego del reparto de riesgos algunos de los que invirtieron ganaron mucho y otros lo perdieron todo ¿Y los responsables de las decisiones que condujeron a este escenario? Paradójicamente, los sistemas de bonus están diseñados para continuar premiando a los directivos que casi habían llevado a la bancarrota a sus empresas y, en cadena, a otras muchas más. Ciudadanos de todo el mundo reclaman que se limiten los bonus de los directivos de banca. El asunto llegó a un punto álgido cuando salió a la luz las primas millonarios pagadas a los altos ejecutivos de entidades financieras que habían sido rescatado con dinero público. El asunto se trató en la reunión del G20, pero no se logró el acuerdo para limitar estos incentivos.
La COP15 de Copenhague significó un varapalo no solamente para las esperanzas de un compromiso global de reducción de emisiones de carbono, sino también para la credibilidad de las negociaciones internacionales. Cancún, una cumbre con expectativas reducidas y con mucha menos atención mediática, ha resultado ser una pequeña victoria en la lucha internacional contra el cambio climático. Esta vez, la habilidad negociadora y el aislamiento de los boicoteadores ha logrado sacar adelante un modesto acuerdo que para muchos observadores vuelve a ser una oportunidad perdida.
Así, tampoco es de extrañar que cada vez más las esperanzas se vuelquen sobre la fuerza de la sociedad civil y sobre iniciativas innovadoras tanto públicas como privadas.