inicio : especiales : moda sostenible
 
ESPECIAL Moda sostenible
 

» El caso del Emine Arslan

Por Eva Kreisler Moreno - Campaña Ropa Limpia


Emine Arslan   Mi nombre es Emine Arslan, nací en Turquía. Tengo 4 hijos y estoy casada. Trabajé en la fábrica DESA durante 8 años. Me han despedido por unirme al sindicato Deri Is. Desde que me despidieron, me planto todos los días delante de la fábrica para protestar, en ocasiones debo llevar a mis hijos porque no tengo con quién dejarlos. Trabajábamos en condiciones muy malas. El principal problema eran las largas jornadas de trabajo, trabajábamos durante 2 días y una noche sin pasar por casa, no podíamos asearnos ni ver a la familia; esto significa 36h continuadas, dormíamos debajo de las mesas de trabajo algunas horas y seguíamos trabajando. Teníamos dolores por todo el cuerpo…cuando pedíamos permiso por los problemas de salud, nos decían gritando que podíamos salir por la puerta pero no regresar porque “ahí fuera hay muchas personas que quieren trabajar para DESA”. A veces, en un mes habíamos hecho 200 horas extras y recibíamos el sueldo mínimo mensual en Turquía que es 210 euros al mes, de los cuales 200 los tenía que destinar al alquiler (…)
Imagen de Emine Arslan    

Emine Arslan, acompañada por una representante del sindicato Deri Is, recorrieron a principios de Marzo varios países de Europa (entre ellos España) para denunciar las nefastas condiciones de trabajo en la fábrica donde estaba empleada y entrevistarse con las empresas clientes de DESA en Europa (1) con la esperanza de que éstas intercediesen y lograr así la readmisión de las 44 trabajadoras despedidas. Otros 50 trabajadores, principalmente mujeres, se han visto forzadas a abandonar el sindicato.

El caso de Emine ilustra las condiciones de trabajo que sufren las trabajadoras de la industria de ropa. Una industria fuertemente feminizada y muy intensiva en mano de obra.

Externalización de la producción y menoscabo de los derechos laborales van de la mano:

La externalización de la producción textil (y de muchos otros sectores) por parte de las empresas transnacionales (ETN) ha conducido a que éstas ubiquen la producción en países donde abunda la mano de obra barata (India, Indonesia, Marruecos), en países sin red de cobertura social y con debilitados o inexistentes sistemas regulatorios estatales (Nicaragua, El Salvador), donde los sindicatos están prohibidos por ley (China, Vietnam, Birmania) cuando no violentamente reprimidos (Bangladesh, Filipinas, Indonesia) o en zonas francas diseñadas para atraer a la inversión extranjera a cualquier precio: a través de exenciones impositivas, interpretaciones laxas de las legislaciones medioambientales y represión de los derechos laborales fundamentales.

Al subcontratar la producción más intensiva en mano de obra, las empresas se deshacen de la responsabilidad hacia los trabajadores que participan en el proceso productivo y trasladan los riesgos a sus proveedores. Éstos, para satisfacer a sus clientes que demandan plazos de entrega cada vez más cortos y precios cada vez más bajos, presionan al eslabón más débil de la cadena productiva: los y las trabajadoras. Al alejar la producción a estos países, se trastoca también la relación empresarial/sindical lo que facilita la erosión de los derechos laborales y la capacidad de los trabajadores de reivindicarlos. Las trabajadoras quedan en una situación muy vulnerable pues ni son parte de la estructura de la empresa cliente, ni siquiera -en muchas ocasiones- tienen una relación contractual con la empresa proveedora donde trabajan pues muchas trabajan desde su casa y son remuneradas por pieza producida lo que les convierte en un “elemento productivo” elástico y muy alejado geográficamente de donde se toman las decisiones que irremediablemente influyen en sus vidas.

Las trabajadoras se movilizan y se insertan en redes de activismo internacional para que el conflicto laboral transcienda a lo global: 

La globalización no es feudo de las ETN. En efecto, frente la externalización productiva y la erosión de los derechos laborales fundamentales se está construyendo -gracias en buena parte a la revolución tecnológica de la última década y el acceso a herramientas como Internet- una nueva forma de organización mediante redes internacionales formadas por un variopinto abanico de organizaciones heterogéneas formadas por coaliciones de ONGs, organizaciones de consumidores, centros de investigación, sindicatos en los países productores y consumidores y organizaciones de mujeres lo que permite construir puentes y unir a los trabajadores de las fábricas con los consumidores y activistas de los derechos laborales en mercados claves para las ETN.

Estas redes de solidaridad internacional tejidas a lo largo de las dos últimas décadas y la atención prestada por parte de activistas de derechos humanos, medios de comunicación y otros actores de la industria de ropa a las prácticas reprochables de las ETN otorgan a los trabajadores más posibilidades para frenar las despóticas relaciones laborales en las fábricas. Así, el tour europeo de Emine permitió celebrar una reunión en Madrid con los responsables de RSC y de Compras de El Corte Inglés y lograr un mayor compromiso por parte del gigante español que conduzca a la satisfactoria resolución del caso DESA. Al lograr extender el problema de lo local a lo global, sacar el conflicto laboral de las paredes de la fábrica y ponerle “cara y ojos” se consiguen revertir la dinámica de aislamiento de los trabajadores del Sur y de impunidad e irresponsabilidad por parte de las ETN. En una importante proporción de casos, se consigue además, una resolución positiva y negociada del conflicto laboral.

En una sociedad de consumo como la nuestra, campañas y movimientos de defensa de los derechos laborales (humanos) como son la Campaña Ropa Limpia en Europa, Maquila Solidarity Network en Canadá, Workers Rights Consortium en Estados Unidos o Thai Labour Campaign en Asia amplifican el alcance y el volumen de las protestas del Sur trasladando las luchas sociales a las puertas de las multinacionales en Madrid, Londres, Paris, Milán o Portland y a las áreas de consumo en estos países con el fin de denunciar los abusos de las ETN y presionarlas para exigir cambios en sus prácticas. En definitiva, a través de una comunicación muy ágil y rápida y una intensa cooperación entre los activistas del Norte y las ONGs y sindicatos locales del Sur utilizan el poder de los consumidores para promover mejoras sociales.

La respuesta de las ETN: RSC, códigos de conducta y auditorías sociales

En paralelo y ante la alarma que crea la exposición pública de flagrantes casos de explotación laboral, muchas empresas se han dotado a lo largo de los años de códigos de conducta, departamentos de RSC y realizan centenares de auditorías sociales al año. Aunque es cierto que tras 20 años de códigos de conducta, ha habido tímidos avances en lo que respecta a mejoras de las condiciones de salubridad e higiene en las fábricas y se detectan menos casos de utilización de mano de obra infantil, el respeto a los derechos fundamentales como es la libertad sindical y el derecho de negociación colectiva (casos como el de Emine), siguen siendo violados sistemáticamente.

El respeto a la libertad de asociación de los trabajadores es crucial para permitir erradicar las prácticas de explotación en las fábricas, lograr mejoras en las condiciones de trabajo y prevenir casos de violación de derechos humanos. Por tanto, el pretender por parte de las empresas fundamentar la solución al problema de la explotación laboral en las fábricas basándose únicamente en auditorías sociales y códigos de conducta es claramente insuficiente y puede convertirse a la larga en parte del problema y no en la solución. Desde la Campaña Ropa Limpia consideremos que hacen falta reformas más radicales y significativas en la industria de ropa. Hasta que no se respete y se incentive el derecho a la libertad sindical (p.e. otorgando preferencia a empresas proveedoras con sindicatos elegidos libremente por los y las trabajadoras), se trabajen, aprueben y apliquen normas sobre el salario digno y se aborde el impacto de las prácticas de compra sobre las normas éticas -entre otras medidas posibles y necesarias- no se logrará corregir de manera efectiva los abusos en la industria de ropa.

De esta manera, los y las trabajadoras podrán recuperar poder y serán sujetos activos y visibles de la cadena productiva en lugar de sujetos pasivos a los que se entrevista únicamente para cubrir el expediente de la auditoría social para que la empresa cliente pueda afirmar que su código de conducta “se cumple”.

¿Qué pasó con Emine?

El 24 de Diciembre los tribunales turcos dieron la razón a las trabajadoras de DESA y dictaminó que habían sido despedidas por sus actividades sindicales. En un intento por ganar tiempo, debilitar al sindicato y minar la resistencia de las trabajadoras, DESA recurrió la sentencia. La mayoría de las empresas clientes y especialmente su principal cliente, la marca italiana de lujo PRADA, afirmaron que acatarían la sentencia de la Corte Suprema turca. A finales de Abril la Corte Suprema turca falló nuevamente a favor de las trabajadoras, incluida Emine Arslan. A pesar de la buena noticia, las trabajadoras no cantan victoria porque, según la ley turca, DESA puede ahora elegir entre readmitirlas o indemnizarlas; es decir, la empresa puede saltarse las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo nº87 y nº98 (recogidas por ciertos en todos los códigos de conducta de las empresas clientes) a golpe de talonario y evitar así cumplir con el derecho a la libertad sindical. Emine y sus compañeras tienen pocas dudas de cual será la decisión de DESA y siguen esperando justicia. Tras la decisión de la Corte Suprema, las empresas clientes han tenido tiempo para exigir a DESA que readmita a las trabajadoras injustamente despedidas pero la mayoría sigue mirando para otro lado.

Emine Arslan, recibirá el próximo sábado 23 de Mayo un prestigioso premio otorgado por la Cámara de Doctores de Estambul en reconocimiento por su lucha por la Paz, la Democracia y los Derechos Humanos.

Si quieres apoyar la lucha a favor del respeto de los derechos laborales de las trabajadoras de DESA puedes enviar cartas a las empresas clientes desde la web de la Campaña Ropa Limpia alentándoles a que presionen a DESA para que readmita a las trabajadoras.


Para saber más sobre el caso DESA pincha aquí

 


(1) - DESA, la mayor empresa turca de la industria del cuero, produce para marcas europeas internacionalmente conocidas como PRADA, Marks and Spencer, Samsonite o El Corte Inglés.

.

.

Regresar al especial





 
 
Ecología y Desarrollo
Plaza San Bruno, 9 · 50001 Zaragoza · España Tel: + 34 976 29 82 82 · Fax: +34 976 20 30 92