Paradojas del transporte

Jueves 10 de Enero de 2013

Por Luis Granell - Consejero de ECODES

 
El Gobierno de España acaba de tomar una decisión paradójica para un país en crisis: sube los precios de los trenes de cercanías y regionales (y anuncia la supresión líneas y servicios) mientras baja los de alta velocidad. O sea que los españoles más modestos tendrán que pagar más por viajar en tren o no podrán hacerlo, mientras que los pudientes se ahorrarán una pasta.
 
En Aragón la noticia preocupa porque disponemos de tan pocos trenes baratos que, si quitan alguno, habría líneas que podrían quedarse sin ninguno. La declaración de servicio público de algunas y la eventual subvención de la DGA evitará la desaparición del ferrocarril de viajeros en buena parte de la región, pero me temo que no resolverá el problema fundamental: la ineficiencia del sistema de transporte público más allá de los arrabales de Zaragoza. Ineficiencia que tiene su origen en la rutina con que las administraciones competentes gestionan el transporte público.
 
El ferrocarril, aunque técnicamente ha avanzado mucho, sigue funcionando en España con parecidos criterios a los de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando era el único modo de transporte al que había que acudir si no querías viajar a pie o en caballería. Ello y la competencia de la carretera ha ocasionado una constante pérdida de viajeros que ha llevado a cerrar líneas y suprimir servicios, lo que a su vez ha repercutido en nuevas bajadas del número de viajeros en los que se mantenían. Para intentar detener la espiral que parecía conducir a la desaparición del ferrocarril, no se optó por mejorarlo sino por construir una nueva red de alta velocidad, que funciona muy bien pero que es parte del origen de la enorme deuda pública de nuestro país. Con lo cual tenemos dos sistemas: uno que funciona mal y otro que nos ha arruinado, o sea: han hecho un pan como unas hostias.
 
El transporte de viajeros por carretera, el autobús, sigue funcionando con el viejo sistema de la concesión: El Gobierno central o los autonómicos conceden la explotación de una línea a una empresa privada que la explota a riesgo y ventura, es decir, que lo hace de manera que sus ingresos cubran los gastos y le proporcionen beneficios. Eso sí, utilizando gratuitamente la red de carreteras construida y mantenida con los impuestos de todos. De esta manera, la calidad del servicio depende de la actitud de cada empresa; en Aragón tenemos ejemplos de todo tipo.
 
Así, no es extraño que, igual que ocurre con las administraciones públicas, se produzcan solapamientos e ineficiencias. Un solapamiento: En el corredor del Ebro, entre Gallur y Zaragoza, pueden estar circulando al mismo tiempo un tren y media docena autobuses regulares, todos escasamente ocupados salvo en días y momentos puntuales. Por ello, tanto Renfe como Therpasa, Cinco Villas, Conda o Ágreda tenderán a disminuir la frecuencia de sus servicios, con lo que más viajeros optarán por utilizar su automóvil. Dos ineficiencias: A determinadas horas pueden estar saliendo de Huesca cuatro o cinco autobuses hacia Zaragoza y un rato antes o después (o sea, cuando no hace falta) un tren casi vacío; la segunda es que el sistema es tan raquítico que es preciso organizar transporte escolar, laboral o sanitario.
 
¿Por qué no se coordinan trenes y autobuses para dar al ciudadano mejor servicio con igual o menor coste? Pues porque ni el Gobierno central ni la DGA (o los demás gobiernos autonómicos) sienten la necesidad de planificar el transporte y de dotarse de los instrumentos jurídicos, técnicos y económicos para hacerlo. El mejor  ejemplo europeo de planificación del transporte es el de Suiza. Si ustedes entran en la web de SBB (ferrocarril público), verán que para informar de un horario les pide el lugar en que se encuentran (población, calle y número) y al que desean trasladarse; el resultado de la consulta les dará una combinación de trenes y autobuses, sean públicos o privados, de vía normal o estrecha, con enlaces de pocos minutos entre uno y otro. Suiza tiene más población, pero una superficie similar a la de Aragón y no ha cerrado ninguna línea férrea.
 
Publicado en Heraldo de Aragón (10/01/2013)
 
 
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