Decimatercera crónica de la COP26, fuera de la valla, lejos de Glasgow. Víctor Viñuales, director de ECODES.

Son las horas finales. Son horas de balance. La epidemia de polarización también ha llegado al juicio sobre las COP. Hay voces que ya tienen el juicio hecho antes de que acabe. Muchas de esas voces gritan: ¡fracaso, un gran fracaso!

La sentencia  de esas voces es la misma. Fracaso, fraude. No hay espacio ni para los matices ni para las medias tintas. Son voces distintas. Unas proceden del lado negacionista. Como el cambio climático no existe hay que negar el pan y la sal a todas las instancias creadas para afrontarlo. Hay otras voces, desde sectores realmente  comprometidos con la causa climática, que también condenan  la COP26 y, de paso, todas las COP.

Tienen razón estas voces en estar indignadas. Se ha perdido mucho tiempo, un tiempo precioso. Los acuerdos de los países postergan una y otra vez las decisiones necesarias y urgentes. Tienen razón, es comprensible su grito y su enfado. Sin embargo…

La COP26 ha fallado en el consenso necesario de todos los países para bajar las emisiones a niveles compatibles con un aumento de la temperatura no mayor de un grado y medio. Pero en esta COP ha habido, como nunca en cumbres anteriores, un número muy elevado de acuerdos concretos, con fechas, con cifras, en distintos temas sectoriales (bosques, finanzas, electromovilidad…) en los que han participado determinados países, regiones, ciudades, empresas, ONG... Son los acuerdos de entidades pioneras que quieren avanzar a mayor ritmo que el del consenso general, que se adelantan, que marcan el camino. Eso también ha ocurrido en la COP26 y es una señal muy positiva.

En esta COP también ha sido muy importante el acuerdo entre China y EEUU para cooperar en la causa climática. Entre los dos países emiten más del 40% de las emisiones mundiales. Eso es una buena noticia.

Y también es una buena noticia el que haya quedado claro que el objetivo común lo marca una cifra: los 1,5 ºC que no debemos superar sobre los niveles previos a la revolución industrial. Los países, las empresas y todos los actores deben alinear sus políticas, sus prácticas y sus emisiones para que sean compatibles con ese objetivo.

Mi balance pues tiene sombras, muy claras, y tiene luces, muy claras comparativamente hablando. Y mi posición es no contribuir al derribo del único sistema de gobernanza climática que tenemos negando cualquier avance. Debe ser mejorado: mucho. Tiene muchas limitaciones: ¡sí! Pero sería un tremendo error que lo arrumbaramos totalmente. En ese páramo, los  retardatarios/frenadores de la causa climática serían felices.

Frente al enorme desafío climático, de improbable resolución, lo que no tiene ningún sentido es crear un clima de que no tiene sentido hacer nada porque no hay salida. Se está dando la paradoja de que ayer muchas gentes no hacían nada porque no había cambio climático y ahora no hacen nada porque es imparable y no tiene sentido hacer nada.

¿Es improbable que tengamos éxito en la dificilísima tarea de que no suba la temperatura más de 1,5  ºC? Sí, es improbable. Pero para mucha gente en este planeta, entre la que me cuento, todavía no ha llegado la hora de rendirse. No ha llegado la hora de rendirse y no ha llegado la hora de enterrar toda esperanza.

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