Realidad: las bombas de calor reducen las emisiones de CO2, y lo harán cada vez más a medida que el mix eléctrico continúe descarbonizándose.

Los detractores de las bombas de calor esgrimen que utilizar electricidad para calefacción causará más emisiones de CO2 que quemar combustible fósil en calderas. Basan su argumento en una falsedad: que la electricidad adicional necesaria para que las bombas de calor funcionen provendrá de los combustibles más sucios: carbón, petróleo, o gas fósil. Esta premisa es falsa, como veremos a continuación.

Las emisiones de CO2 del sector de la electricidad están limitadas por el mercado europeo de carbono, que obliga cada año a reducirlas. Esto implica que la nueva electricidad que se añada al sistema tendrá que ser más limpia que la que ya existe. De hecho, la potencia de energía renovable que se está añadiendo al sistema eléctrico europeo sobrepasa la demanda adicional conjunta de bombas de calor y coche eléctrico[1].

La realidad es que, debido a su alta eficiencia, las bombas de calor reducen el consumo energético de los hogares. Y que producir electricidad genera menos emisiones de CO2 que utilizar combustibles fósiles. En consecuencia, las emisiones de CO2 se reducen al sustituir calderas de combustible fósil por bombas de calor, como muestran varios estudios[2] [3] [4] [5] [6]. Como además el mix eléctrico cuenta cada vez con una mayor proporción de energía renovable[7] (España produjo en 2020 el 44% de su electricidad con fuentes renovables[8], y tiene un objetivo de 100% electricidad renovable para 2050), las ventajas medioambientales serán cada vez más obvias.

   

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No hay que olvidar tampoco el impacto de los refrigerantes. Para transmitir el calor, las bombas utilizan fluidos “caloportadores” o refrigerantes. Aunque los circuitos son cerrados, pueden existir fugas de estos refrigerantes, que pueden así ser emitidos a la atmósfera contribuyendo al calentamiento global. Aunque hoy en día la contribución de los refrigerantes al calentamiento global es pequeña en comparación al resto de emisiones ligadas a la bomba de calor, esta parte irá aumentando en el futuro a medida que la electricidad se descarbonice. Es por lo tanto indispensable una transición hacia refrigerantes con bajo índice de calentamiento global.

El rol de la bomba de calor en la transición energética ha sido ampliamente reconocido por expertos y gobiernos. La cuestión no es tanto si es una tecnología adecuada para la descarbonización, sino cómo apoyar su despliegue en el mayor número de situaciones posible.

   

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Referencias

[1] https://www.energymonitor.ai/tech/electrification/electrification-using-more-to-emit-less

[2] https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1040619018302331

[3] https://www.cleanenergywire.org/news/germany-crosses-threshold-one-million-heat-pumps

[4] https://www.aceee.org/research-report/b2004

[5] https://blog.innovation4e.de/en/2021/03/24/how-ecological-are-heat-pumps-in-existing-buildings/

[6] https://www.london.gov.uk/sites/default/files/heat-pump-retrofit-in-london-v2.pdf

[7] https://iea.blob.core.windows.net/assets/5ae32253-7409-4f9a-a91d-1493ffb9777a/Renewables2021-Analysisandforecastto2026.pdf

[8] https://www.ree.es/en/press-office/news/press-release/2021/06/this-year-spain-poised-surpass-renewable-generation-record-set-in-historic-2020

   

Bibliografía

   

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