Una prohibición generalizada de las calderas de gas y gasóleo puede reducir las importaciones europeas de gas ruso hasta un 28%, según revela un estudio de Coolproducts

La Unión Europea compra a Rusia el 45% del gas que utiliza, y la guerra en Ucrania ha subrayado dolorosamente la necesidad europea de potenciar la eficiencia energética, así como la transición hacia fuentes de energía renovable más limpias, baratas y diversas.

Un 75% de los hogares europeos requieren de combustibles fósiles para calentarse, un motivo de preocupación en lo que a clima y medio ambiente se refiere. Sin embargo, con la guerra en territorio ucraniano y las sanciones en relación a Rusia, la ciudadanía europea ha experimentado un incremento masivo de los precios de la energía, una alta inflación y unos crecientes riesgos de pobreza energética. Expulsar los combustibles fósiles de nuestros sistemas de calefacción es ahora una necesidad no solamente climática, sino también de seguridad comunitaria y de justicia social.

Afortunadamente, debido a su incompatibilidad con los objetivos sociales y medioambientales europeos, los días de las calderas de combustibles fósiles parecen estar contados. Dos recientes iniciativas comunitarias aspiran a expulsar del mercado de este tipo de calderas: el plan europeo REpowerEU sitúa en 2029 la fecha límite para su salida del mercado, a lo que hay que añadir la propuesta de prohibir totalmente su uso en edificios a partir del 2035 contenida en el último borrador de la Directiva Europea sobre la Eficiencia Energética en Edificios (EPBD, por sus siglas en inglés). El ataúd de las calderas de energías fósiles recibió un nuevo clavo en la sesión de la semana pasada de la Comisión de Industria, Investigación y Energía del Parlamento Europeo, donde se subrayó mediante la Directiva Europea de Eficiencia Energética que cambiar una caldera antigua por una más moderna no será considerado como un ahorro energético.

La Unión Europea está cogiendo fuerzas para demostrar una vez más su intrasolidaridad tomando serias medidas para cortar el gas proveniente de Rusia. Si esta prohibición se iniciara en 2023, podrían evitarse el 28% de importaciones de gas ruso y un 11% de las importaciones totales de gas que realiza la Unión Europea. Además, los países avanzarían en sus objetivos de energía renovable en climatización, con una media del 37% de sus metas logradas. En particular, la prohibición de las calderas fósiles en la UE permitiría a España alcanzar el 45% de su objetivo de energías renovables en calefacción y refrigeración.  Todo esto gracias, únicamente, a la retirada de las calderas de combustibles fósiles del mercado.

En un escenario donde la Unión Europea está preparándose para cortar completamente la compra de gas ruso, el cambio a una fuente de energía limpia a largo plazo es inevitable. La buena noticia es que se trata de un sector en el que existen alternativas con un largo recorrido, ya implementadas a lo largo y ancho de Europa y con resultados excepcionales. Es el caso de las bombas de calor alimentadas por refrigerantes naturales y la calefacción urbana.

La primera es especialmente eficaz por sus bajos costes de funcionamiento y su gran rendimiento energético incluso en los climas más fríos de Europa. Además, sustituir calderas por bombas de calor es sencillo y tambien proporcionan frío en verano.

El cambio es tan solo una cuestión de voluntad política. Necesitamos más y mejores subsidios para una implantación masiva de bombas de calor incluyendo a las familias de rentas bajas, así como políticas audaces que pongan fin al uso del dinero de los impuestos para subvencionar la amenaza a nuestra seguridad, a las personas y al planeta.

      

El último estudio de Coolproducts junto con el Öko-Institut    

   

Davide Sabbadin, del área de Diseño de Políticas Públicas de la Oficina Europea para el Medio Ambiente (EEB), mantiene: "Si nos tomamos en serio la idea de liberarnos de la dependencia del gas y de reducir las facturas de las/os consumidoras/es, ha llegado el momento de cumplir los compromisos e introducir una prohibición de comercialización de calderas fósiles en toda la UE: es una medida con la que todo el mundo salimos ganando, tanto para el clima como para la independencia energética de la UE".

Por su parte, Daniel Sanz, del área de Políticas Públicas y Gobernanza Climática de ECODES, añade: "El sector de la calefacción cuenta con las herramientas necesarias para adaptarse al nuevo paradigma de transición climática. La calefacción renovable, impulsada por tecnologías como las bombas de calor, es una realidad a día de hoy con resultados probados y sorprendentes. Descarbonizará nuestros hogares, ayudará a la ciudadanía a ahorrar dinero en tiempos de inflación acuciante y permitirá a la UE construir un futuro de independencia energética".

   

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