El cambio de calderas de gas a sistemas de calefacción renovable sigue estando fuera del alcance de muchos hogares europeos

La respuesta a la subida de los precios del gas está en la calefacción renovable, una tecnología que está preparada para sustituir a las calderas de gas pero que sólo es asequible en 8 países de la UE. Según un nuevo estudio de Coolproducts, para que los consumidores puedan superar el coste inicial del cambio a la calefacción renovable, los gobiernos de la UE tendrán que aumentar las subvenciones en 70.000 millones de euros.

Los hogares que desean instalar un sistema de calefacción renovable se enfrentan a un problema común. En general, el coste inicial de la instalación de una bomba de calor es mucho mayor que el de una caldera de gas, pero las bombas de calor son tres veces más eficientes desde el punto de vista energético por lo que, al cabo de unos años, el coste inicial de una nueva bomba de calor puede compensarse con el ahorro en la factura energética.

Para medir la asequibilidad del cambio a las bombas de calor y a la energía solar térmica, hay que tener en cuenta el periodo necesario para cubrir su coste inicial mediante el ahorro en la factura energética, lo que se conoce como "tiempo de amortización".

Con los incentivos y precios existentes, una familia media de cuatro miembros sólo encontrará un plazo de amortización razonable (8 años o menos) al cambiar de una caldera de combustible fósil a una bomba de calor en Italia, Portugal, España, Finlandia, Chipre, Malta, Austria y Francia.

En pocas palabras, 19 de los 27 países de la UE no asignan suficientes subvenciones a las familias para hacer frente al precio inicial de las soluciones de calefacción renovable o tienen regímenes fiscales desproporcionados sobre la electricidad. La falta de apoyo público está obstaculizando la adopción de las bombas de calor y la energía solar térmica en Europa.

Sin embargo, resolver este problema sería más factible que nunca para los gobiernos de la UE. Para que las bombas de calor sean asequibles para todo el mundo, los Estados miembros deben aumentar las subvenciones en al menos 70.000 millones de euros, cantidad que podría reducirse a 20.000 millones si se introdujera un impuesto sobre el CO2 de 100 euros/tonelada. Estas son las estimaciones del último estudio realizado por la Oficina Europea de Medio Ambiente (EEB, por sus siglas en inglés).

Sólo un 17,3% de los aparatos de calefacción instalados en los hogares europeos funcionan con electricidad o utilizan tecnologías limpias. Mientras tanto, se agota el tiempo para eliminar el gas de un sector que es responsable del 12% de las emisiones totales de CO2 de la UE, lo que equivale a las emisiones de todos los coches de la UE, y del 28% del consumo energético anual de la UE.

Las tecnologías sin emisiones, capaces de sustituir a las calderas de gas, petróleo y carbón, están ahí desde hace años y los fabricantes han manifestado en varias ocasiones estar preparados para el cambio. La única pieza que falta en esta transición hacia la calefacción limpia es la voluntad política. En primer lugar, hay que prohibir la venta de calderas de gas de aquí a 2025, lo que es imprescindible para lograr la neutralidad climática en 2050, como recomendó la Agencia Internacional de la Energía (AIE). En segundo lugar, tenemos que hacer que el cambio a la calefacción renovable sea asequible para todos, lo que requeriría un esfuerzo adicional de 70.000 millones de euros en subvenciones.

Afortunadamente, el efecto combinado de la asignación nacional de los planes de recuperación y resiliencia junto con los ingresos procedentes de la tarificación del carbono podrían permitir a los gobiernos cubrir gran parte del esfuerzo extra necesario para financiar el coste inicial de las bombas de calor.

Sin embargo, 20 de los 27 gobiernos de la UE pagan millones de euros en subvenciones para que se instalen nuevas calderas de gas en nuestros hogares, a pesar de que esto está frenando la adopción de soluciones renovables y socavando los objetivos climáticos de Europa para 2030 y 2050.

De momento, y a pesar de lo mucho que hay que mejorar, la situación en España es favorable. Esperemos que con una acertada aplicación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, veamos brotar en los próximos meses programas de ayudas, subvenciones e iniciativas fiscales encaminadas a facilitar la implantacion de tecnologías como la termosolar o la bomba de calor.

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