Séptima crónica desde la COP26 en Glasgow de Víctor Viñuales, director de ECODES.

Ayer se manifestaron los jóvenes. Hoy, nos manifestaremos todas las generaciones. Nuestro hoy, nuestro presente, está condicionado por lo que hicieron nuestros antecesores. Los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera actuales tienen que ver con el uso de los combustibles fósiles que hemos hecho desde la revolución industrial. Y desde la revolución industrial, y muy especialmente en las últimas décadas, la humanidad no solo sufre el clima global, también lo condiciona.

Las movilizaciones de los jóvenes se repiten en todos los países y responden a una verdad cierta: las generaciones precedentes -la mía, por ejemplo, con canas- estamos “colonizando el futuro”. Estamos extrayendo y consumiendo recursos que se “crearon” a lo largo de millones de años -el carbón, el petróleo y el gas- y estamos condicionando el futuro del clima y de la vida durante los siglos venideros. Los jóvenes lo saben y gritan por el robo de su futuro.

Ahora vivimos más de 7.000 millones de personas en el mundo. Si las pautas de natalidad son similares a las actuales, en los próximos 50.000 años vivirán en nuestro planeta 7 billones de seres humanos. Nuestra generación, por tanto, está condicionando el futuro de millones y millones de personas. Números grandes, casi incompresibles. Pero hay números más pequeños, más concretos: el número de nuestras hijas e hijos, y de los suyos, y de las hijas e hijos de estos.

De alguna manera, los jóvenes de hoy son los embajadores de las generaciones venideras, esas que no votan, esas que no se pueden defender del impacto de nuestras acciones. En el fondo, la relación entre generaciones está condicionado por nuestra posición sobre los bienes comunes de nuestro planeta. En los parques nacionales de Costa Rica, hace años al menos, se podía leer una frase que describe bien el asunto, decía así: ”Este parque pertenece a los muchos costarricenses que ya murieron, a los pocos costarricenses que viven hoy y a los muchos costarricenses que vivirán mañana”. 

¿Qué somos: propietarios de la Tierra que habitamos o inquilinos de paso? Nuestra generación, la de las canas actuales, y las últimas generaciones, hemos actuado como propietarios absolutos que podemos usar a nuestro antojo los bienes comunes del planeta.

Los jóvenes, que son los embajadores del futuro en nuestro presente, gritan por el robo de su futuro.

¡Tienen razón!

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