El 22 de marzo es el día mundial del agua y Víctor Viñuales nos recuerda la necesidad del recurso para la vida

El agua tiene un día mundial para recordarla. Para apreciarla de verdad yo propondría que, ese día, las autoridades públicas, cortaran el agua a todas las viviendas.

Solo valoramos de verdad lo que perdemos, dicen los cantores del alma humana. Así nos daríamos cuenta de que el agua, junto con el aire adecuado, está dentro de las muy pocas cosas realmente necesarias para vivir. Tan es así que nosotros mismos somos sobre todo agua.

Todo el mundo reconoce ese carácter básico del agua, pero no todos los gobiernos le dedican la prioridad adecuada. Hay países tan poderosos como para tener bombas nucleares y tan mezquinos e injustos como para no garantizar agua potable a su población.

¿Y las empresas, los agricultores, los ganaderos y la población en general cuidamos el agua que nos da la vida que disfrutamos? No tanto. Nuestros ríos han sido durante años nuestros vertederos, la manera más fácil de alejar fuera la basura que nos sobra. Y muy poca gente es consciente de que el mar, otra agua benéfica y buena, empieza en nuestros inodoros y en nuestras cocinas.

Solo en las crisis del agua, cuando escasea la cantidad que necesitamos o su calidad, nos ponemos nerviosos, elegimos entre los vecinos algunos culpables y peleamos entre nosotros por esa agua que antes despreciábamos y malgastábamos.

Los seres humanos hemos peleado y peleado por muchas causas, el agua es una de ellas, y todos los escenarios climáticos profetizan que pelearemos más en los tiempos venideros.

El agua no es rencorosa, pero la reiteración de nuestra desatención y de nuestro maltrato le causa daño. Y su daño nos daña.

Y así vemos que los acuíferos se contaminan, y nuestras fuentes benéficas de ayer se hacen imbebibles. Y hay zonas marinas que se quedan sin oxígeno, son aguas muertas. Y hay muchos ríos que malviven, hartos de sequía y venenos. Y nosotros viéndolo, muy preocupados, a veces, y poco ocupados, casi siempre.

El día del agua es un grito anual. Cuidémosla. Cuidémonos. Somos agua. Su daño, nos daña.

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