Álvaro Areta: “Todos los agentes de la cadena deben colaborar para reducir al mínimo el desperdicio alimentario en el marco de una cadena agroalimentaria sostenible”

Lunes 01 de Abril de 2019

Álvaro Areta es Representante de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). Una organización profesional agraria de ámbito estatal que defiende los intereses de los agricultores y ganaderos, donde lleva trabajando más de 13 años y, actualmente, es el encargado de las áreas de cadena de valor agroalimentaria, economía e innovación y del sector hortofrutícola.

 

 

Además, Doctor en Economía Agraria, Ingeniero Agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid y experto en el sector agrícola y de la alimentación. Ha ejercido de asesor técnico en distintas áreas de la innovación, política y economía agroalimentaria, además de en otros sectores, como los cultivos mediterráneos.

En cuanto al aprovechamiento alimentario y la cadena de valor, Álvaro participa en el Foro de Alto Nivel de la Cadena Alimentaria de la Unión Europea, en el Observatorio de la Cadena y en la Comisión de seguimiento de la Estrategia “Más alimento, menos desperdicio” del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, así como en la iniciativa “La alimentación no tiene desperdicio” de AECOC o en la Plataforma española del proyecto europeo REFRESH.

El 28% de la superficie agrícola del mundo (1.400 millones de hectáreas) se utiliza para producir alimentos que se pierden o desperdician. Este desperdicio de alimentos se produce desde que se recogen del campo hasta que se sirven en el plato, conllevando un grave problema ético, social, ambiental y económico.

El miércoles 3 de abril a las 19.30 horas, Álvaro Areta conducirá la cuarta sesión del ciclo de conferencias dedicado al Aprovechamiento Alimentario, “Aumentar el aprovechamiento de los alimentos. Una visión desde el sector agrario”, organizada por Ecodes, la Academia Aragonesa de Gastronomía y la Dirección General de Consumidores y Usuarios del Gobierno de Aragón. Tendrá lugar en el Ámbito Cultural del Corte Inglés de Zaragoza, en el Paseo Independencia 11.

 

¿Cuáles son las afecciones directas del desperdicio alimentario en la agricultura?

El desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena, desde su inicio en el campo hasta el último eslabón en un comedor, restaurante o en la cocina del consumidor, es un grave problema y la necesidad de reducirla es una evidencia. Es un problema complejo, con muchos factores, pero con tres vértices clave: el ético, ya que en un contexto mundial de altos niveles de hambruna y pobreza es inaceptable el despilfarro de alimentos y la especulación; el económico, porque no aprovechar las producciones agrícolas y ganaderas, los alimentos, es tirar dinero a la basura; y el ambiental, dado que se consumen muchos recursos (agua, tierra, energía…) para la producción, procesado, comercialización… de los alimentos y si no se utilizan, el impacto es baldío.

 

Para los agricultores y agricultoras comprobar cómo el fruto de su trabajo se convierte en un excedente alimentario o sufre el despilfarro es algo doloroso y absolutamente indeseado. Por ello, creemos que es necesario un compromiso firme de desarrollo sostenible de la agricultura como base estratégica de apoyo para una alimentación segura de toda la población. Una alimentación que no puede ser considerada como mera mercancía para la especulación y enriquecimiento de unos pocos, sino como un derecho universal de ciudadanía y un derecho de agricultores/as y ganaderos/as a producir alimentos.

 

¿Qué causas provocan principalmente pérdida y desperdicio de alimentos?

Las principales causas que generan desperdicio en el sector primario son de índole económica o comercial. Los mercados globalizados de alimentos están marcados por un elevado carácter especulativo, con grandes flujos comerciales y largas cadenas de comercialización, gran volatilidad de precios, y son culpables del montaje y la explosión de enormes burbujas. Un modelo alimentario tal, origina graves perjuicios al conjunto de la sociedad, y a los consumidores en particular, y genera serios problemas de desaprovechamiento de alimentos en la cadena.

 

Por tanto, es el propio modelo productivo el que marca el paso, así como también lo hace la ineficiencia de la propia cadena alimentaria a la hora de transmitir las demandas de los consumidores y adaptarse a ellas. Lamentablemente, las exigencias de la industria y la distribución exceden las normas públicas de comercialización y van más allá, imponiendo requisitos por encima de la legislación que en muchas ocasiones sirven como elemento negociador sobre el precio, más que como argumento de mejora de la calidad ofrecida al consumidor. De hecho, en campañas cortas de producción, cuando no hay kilos suficientes, curiosamente dichas exigencias se rebajan.

 

Las circunstancias económicas del mercado marcan la viabilidad de las producciones. Los precios en origen, que no están regulados y sobre los que los agricultores y ganaderos no tienen control y apenas influencia, hacen que las producciones puedan no llegar al mercado. Incluso puede darse la situación que los propios costes de recolección sean más elevados que el precio a percibir. También existen requisitos estéticos, no ligados a la calidad intrínseca del producto, que provocan que se desvíen de la cadena cuando serían perfectamente aptos para el consumo humano.

 

Finalmente, es necesario señalar que las producciones agrícolas y ganaderas son más inelásticas que la demanda. Un árbol frutal suele tardar más de 3 años en comenzar a dar frutos, mientras que las inversiones en explotaciones ganaderas tienen periodos de amortización muy largos. Pero incluso en producciones de temporada se dan dificultades de adaptación a la demanda del consumidor y a sus variaciones, como pueden ser las crisis alimentarias, que generan situaciones indeseadas de desperdicio.

Hoy en día, la agricultura trabaja de la mano de tecnología muy avanzada, ¿cómo es posible que haya tanta pérdida y desperdicio alimentario?  

Es necesario ser conscientes de que las producciones agrarias tienen una serie de peculiaridades con las que los agricultores y ganaderos han de convivir y que suponen condicionantes a la hora de abordar el desperdicio alimentario en este eslabón, por exceder a su control. Por ejemplo, la producción agrícola y ganadera tiene un elevado grado de imprevisibilidad por las condiciones meteorológicas (sequías, granizos, heladas, lluvias persistentes…), por las plagas o las enfermedades, que afectan a la calidad de las producciones y a su cantidad. Por último, gran parte de las frutas y hortalizas o las producciones ganaderas, son altamente perecederas lo que obliga a su rápida comercialización, en muchas ocasiones aceptando las condiciones impuestas por el comprador para evitar el deterioro.

Es cierto que hay margen de mejora, y cuestiones como la digitalización puede ayudar a las explotaciones familiares a mejorar su productividad y optimizar el aprovechamiento de las producciones, por ejemplo, detectando más rápidamente enfermedades y plagas para reducir las pérdidas, o señalando el momento más adecuado para realizar la recolección, en definitiva, ayudando a que la toma de decisiones por los productores esté basada en ciencia y datos.

¿Qué medidas hay que tomar para fortalecer el aprovechamiento alimentario desde el sector agrario?

Para COAG la solución a esta situación pasa por revisar el actual marco alimentario en el que nos encontramos. Es necesario revertir la situación actual y sacar la alimentación de los mercados especulativos, para colocarla como un derecho universal de ciudadanía y un derecho de agricultores/as y ganaderos/as a producir alimentos.

Dicho esto, los agricultores y ganaderos no rechazan su responsabilidad y son conscientes de que hay espacio para mejorar y reducir el desperdicio alimentario en el sector. La innovación en este caso es un aspecto fundamental. Mejoras en las prácticas de cultivo, en la eficiencia en la recolección, en la calidad de los productos, en la adaptación a las necesidades del consumidor (mejora varietal, mejora en los calendarios de comercialización…) a través de una mejor colaboración de los distintos agentes de la cadena, o mejoras para disponer de un amplio abanico de herramientas para luchar contra plagas y enfermedades, entre otros, son aspectos clave para abordar este asunto.

Además, se debe mejorar la relación con el consumidor y establecer relaciones de confianza. Todos los agentes de la cadena, desde el agricultor hasta el consumidor, pasando por industria y distribución, deben colaborar para reducir al mínimo el desperdicio alimentario en el marco de una cadena agroalimentaria sostenible. La visión de cadena a la hora de abordar las soluciones al problema es fundamental, ya que puede permitir una mejor planificación de la producción y de las cosechas y un mejor conocimiento de las demandas e intereses del consumidor.

También es importante aumentar la relación y colaboración en el plano horizontal entre agricultores y ganaderos, por ejemplo. En este sentido, desde COAG se han impulsado proyectos para conocer nuevas vías innovadoras de gestión de subproductos ganaderos en las explotaciones agrícolas, de suministro a los ganaderos productos que los agricultores no han podido vender o restos vegetales que pueden incluirse en la alimentación animal. Se trata de una forma de valorizar los productos y reducir el desperdicio. Existen dificultades, como los límites en lo que estos productos pueden entrar en la ración de un animal o la gestión logística de los mismos, pero es una práctica habitual y extendida.

¿Qué parte de responsabilidad del desperdicio alimentario corresponde al ciudadano?

Según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en los hogares es donde se produce un mayor desperdicio alimentario. Además, según las últimas informaciones, se ha producido un repunte en el último año y se ha roto la tendencia decreciente en cuanto a volumen de comida no aprovechada. El consumidor es clave, por tanto, en este aspecto. Ahora bien, no sólo por cómo debe aprovechar los alimentos que compra, sino también a la hora de elegirlos, dado que el acto de compra de los consumidores marca el modelo alimentario en el que nos movemos. Cuestiones como elegir productos de cercanía, de temporada, productos frescos o productos directamente adquiridos al productor, son posibilidades al alcance del consumidor y que permiten reducir el desperdicio alimentario.

En COAG, por ejemplo, pusimos en marcha hace más de ocho años, la iniciativa ARCo, Agricultura de Responsabilidad Compartida, que busca desarrollar relaciones directas y estables entre las y los agricultores y el sector consumidor, mediante canales cortos de comercialización. Creemos que promoviendo modelos de producción y consumo, respetuosos con el entorno y socialmente más sensibles, desde una perspectiva agroecológica, podemos avanzar en la reducción de las pérdidas de alimentos.

Por otro lado, desde COAG también se han lanzado diversas campañas de comunicación animando al consumidor a apostar por los productos de temporada y de proximidad, reduciendo las tasas de desperdicio de estos al no verse sustituidos por otros alimentos de fuera de temporada. Además, de esta forma, se favorece la economía local y la actividad agraria estatal, y el consumidor accede a alimentos más frescos y que no han sufrido largos desplazamientos. En este sentido, consideramos absolutamente imprescindible un etiquetado claro. La información y formación del consumidor es vital para afrontar el problema del desperdicio, no sólo en lo referente a los problemas para discernir entre fechas de caducidad y de consumo preferente, sino también respecto a la procedencia, composición, etc.

¿Cómo podría favorecer una mayor regulación del desperdicio alimentario a la lucha frente al cambio climático?

Los efectos del cambio climático son ya evidentes y existe necesidad de mitigarlos y adaptarse a ellos. Los daños causados por plagas y enfermedades a veces se vuelven inevitables por condiciones más extremas o falta de disponibilidad de métodos para afrontarlas. Es decir, en un contexto cambiante, la agricultura y la ganadería se ven sumamente afectadas y pueden producirse más pérdidas de cosechas, por un lado, y un mayor desperdicio alimentario, por otro. Es necesario conseguir una mejor adaptación a las nuevas condiciones, en la medida de lo posible. La innovación vuelve a ser un factor clave y también juega un papel relevante, un mejor aprovechamiento de lo que producimos, ya que si reducimos al máximo posible lo que desaprovechamos, reduciremos también el impacto sobre el medio que genera dicho desperdicio, que como indicaba anteriormente, es de una cuantía muy relevante.

En este sentido, es imprescindible incidir en la necesidad de cambiar de modelo, apostar por una agricultura de perspectiva agroecológica, con cadenas más cortas y con productos frescos, de temporada y cercanos al consumidor, que es factor clave en esta ecuación.

 

 

 

 
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