“Aragón y Cataluña son las regiones que más transgénicos cultivan de toda Europa”

Miércoles 05 de Mayo de 2010

Días después de la concentración del 17 de abril en contra de los transgénicos, entrevistamos a Jorge Mariscal, ingeniero agrícola y representante del Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional en Aragón y directivo de Ekodemon, medio ambiente y ecología social. Fuente: Ecoalimenta

¿Cómo valoras la participación de la manifestación nacional contra los transgénicos?
Nos concentramos en la Puerta de Alcalá para lanzar un mensaje de atención al Gobierno y a las administraciones españolas que están permitiendo el cultivo de los organismos genéticamente modificados para la alimentación animal y, por tanto, la nuestra propia. El 17 de Abril, escogido especialmente por ser el día de la Lucha Campesina en todo el planeta, nos reunimos todos aquellos defensores de la razón e hicimos de este encuentro una fiesta que nos permitiera lanzar un grito al aire y hacernos saber que no estamos solos, que todavía queda mucho que decir.

¿Cuál ha sido la reacción del gobierno tras esta semana de acciones y actos reivindicativos?
Absolutamente nada, pues nada pueden decir, el Gobierno se encuentra atado de pies y manos y sucumbe ante las decisiones de las multinacionales que dominan el Banco Mundial, que es el que nutre especialmente este sencillo Gobierno. La relación no es compleja, en este momento Aragón y Cataluña son las regiones que más transgénicos cultiva de toda Europa, el 80% de las 80.000 hectáreas de toda España, y no es de extrañar: el imperio del sector porcino, que es el que asimila la producción de maíz transgénico, se aloja en estas dos comunidades con un poder en la administraciones de agricultura imponente. A pesar de este dato, el Gobierno se cobija en la Comisión Europea, para actuar sin vergüenza y obtener este entretejido beneficio que permite cultivar OGMs en este país.

¿Cuáles son los efectos sanitarios derivados del cultivo a gran escala de alimentos transgénicos?
El cultivo del maíz genéticamente modificado es un producto en el que tras ingeniería genética se ha logrado introducir un gen resistente a una plaga como el taladro del maíz y ser resistente al uso de herbicidas. Tratemos de imaginar este cultivo, un producto que es resistente a herbicidas induce a tratar desmesuradamente con herbicidas totalizadores que son arrastrados por escorrentía hasta el nivel freático, contaminando aguas, ríos y llegando a nuestras bocas. Además este maíz transgénico es capaz de contaminar genéticamente otros maíces tradicionales, ecológicos, arruinando la identidad de las semillas y entrando en un terreno legal favorito de las multinacionales diseñadoras de estas semillas. En cuanto a la salud humana podríamos decir que, experimentar con 80.000 hectáreas de maíz transgénico en España no parece tratarse de una simple prueba de laboratorio, y los efectos no han sido ni medidos ni prudentemente analizados. Nuestro país vecino, Francia, aplica el principio de precaución como otros tantos países de Europa, y sin una base sólida, científica, certera, suficientemente amplia para llegar a una determinación, prohíbe el cultivo de OGMs, utilizando el sentido común.

¿Cómo valoran la posición del gobierno central frente a la aprobación de la CE de la patata transgénica?
Nuestro Gobierno defiende la patata transgénica autorizada por Bruselas asegurando que es inocua para el medioambiente y para la salud. Supongo que el premio Nobel Paul Müller de 1948 por descubrir el DDT también aseguraba que era inocua para la salud del planeta. Italia y Francia han solicitado informes más altos sobre la resistencia a antibióticos, demostrando una vez más el principio de precaución, pero este Gobierno sucumbe de nuevo frente a los transgénicos y defenderá su postura sin considerar ni a los agricultores ni a los consumidores.

¿Está realmente concienciada la gente de la calle sobre los riesgos sanitarios que pueden derivar de su consumo?

Apenas sabemos de dónde sale la leche, o de dónde viene cualquier alimento, no diferenciamos entre un acti-, un bio-, un eco-, un trans-, un omega3, para qué sirve el Hierro o el Calcio, o diferenciar entre un tomate de enero y una fresa de diciembre. Hay tal desinformación en la sociedad que solamente la imagen domina la decisión (y ojalá fuera una opción) de tomar un alimento frente a otro. Las bombas sólo sirven para matar, y se fabrican, el tabaco mata, y se consume, y los OGMs producen una alteración en el medio ambiente que afecta a nuestra propia salud de forma muy seria pero al que ni siquiera tenemos opción de decir no.

Según los organizadores, 76.000 hectáreas fueron cultivadas con maíz modificado genéticamente en nuestro país. ¿Hasta qué punto los transgénicos están presentes en nuestras vidas?

Consumimos carne alimentada por maíz transgénico y por soja transgénica, en Aragón no hablamos del 100% porque existen unas poquitas empresas que hacen ganadería ecológica, que en este momento es la única que puede garantizarte que no están presentes los OGM en su alimentación. Hemos nombrado el maíz, pero la soja juega un papel en el poder alimentario muy fuerte, idealizado como el alimento definitivo, era de esperar que también fuese producido de forma masiva, arrasando grandes extensiones de bosques y alcanzando un monocultivo de dimensiones inimaginables.
Podemos hablar recientemente de que al menos el 17% de los alimentos que contienen maíz o soja en España tienen presentes OGM. En los supermercados los encontramos papillas, leche infantil, yogures, galletas, según la Agencia Española para la Seguridad Alimentaria. En la gran mayoría de los casos no se indica en el etiquetado porque la proporción de transgénicos no llega al umbral del 0,9% exigido por la Unión Europea. Un consumidor preocupado debería echar un vistazo a la guía verde y roja de Greenpeace, al menos, para estar preparado.

Países como Francia, Alemania o Austria han prohibido ya el cultivo de alimentos transgénicos. ¿Otro orden alimentario es posible?
La producción de alimentos está directamente relacionada con la dependencia agroquímica o petroquímica, y obviamente éstas se relacionan con el poder mundial. Hablar de otro orden alimentario es hablar de poder, y debemos asumirlo, ¿tiene el consumidor poder para elegir de qué forma quiere alimentarse? ¿no comer carne todos los días es símbolo de pobreza? ¿comer ajos tiernos en su debida estación frente a unas fresas tropicales en enero es símbolo de atraso? Hemos cambiado el orden alimentario, ese que nos definía como mediterráneos y que casualmente tan sólo resiste en reductos de Cantabria o Asturias. La imagen manda, la moda manda, el ritmo de vida manda, los alimentos se miran tan sólo en valor monetario, nunca medio ambiental o social. Un sobre de 100 gramos de queso rallado con un 10% de queso y el resto grasas de origen desconocido que cuesta un euro nos resulta barato, pero nadie advirtió que en realidad paga 10€ por 1 gramo de queso. Dotémonos de herramientas críticas para decidir cómo queremos alimentarnos, de esta forma, podremos hablar de una verdadera libertad, de soberanía alimentaria y consecuentemente seremos conscientes que la alimentación derivada de la agroecología o la biodinámica defienden los principios de la sostenibilidad, limpios, buenos y justos.

 
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