Los biocombustibles: una alternativa limitada que no garantiza la independencia energética
Aunque se posicionan como una opción para reducir la dependencia de combustibles fósiles, los biocombustibles no son estables ni sostenibles. En un escenario de crisis internacional debido a la guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz -por el que pasa el 20% del petróleo mundial- la elección del modelo energético alcanza una especial relevancia. Los precios de los combustibles fósiles (gas y petróleo) han aumentado significativamente en marzo: casi 30 céntimos por litro de subida en la gasolina, más de 40 céntimos por litro el diésel y un 30% el gas hasta los 70€/MWh. Los biocombustibles tampoco han estado exentos de la subida de precio, ni siquiera aquellos clasificados como “100% renovables”.
Ante esta situación, el Congreso ha aprobado la bajada al 10% el IVA de gasolina, gasóleo, luz y gas. Sin embargo, se trata de un incentivo que solo beneficia a quienes más consumen y que excluye a quienes no se desplazan en vehículo privado. Además, perpetúa el modelo de combustión fósil, no solo altamente contaminante, sino que además -y tal y como ha quedado demostrado una vez más en esta crisis- no aporta soberanía, independencia energética ni estabilidad de precios.
En este contexto, el futuro cercano del transporte y la movilidad pasa por impulsar soluciones más eficientes y alineadas con los objetivos climáticos, siendo la electricidad a partir de fuentes renovables la alternativa más deseable.
Sustituir una dependencia por otra
Los biocombustibles han emergido como una alternativa para reducir la dependencia de combustibles fósiles y disminuir las emisiones de carbono. Sin embargo, su producción basada en fuentes insostenibles puede generar riesgos económicos, sociales y ambientales significativos.
Tal y como recoge el último informe de ECODES, el 85% de las materias primas necesarias para su fabricación procede de terceros países, lo que limita la autonomía de España. A ello se suman amenazas relacionadas con la aceleración de la la deforestación, la pérdida de biodiversidad o el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. “El 35% de los biocombustibles está fabricado a partir de cultivos alimentarios y forrajeros, como la soja o la caña de azúcar”, explica Sarah Galeran, experta en biocombustibles de ECODES, “y esto provoca un conflicto por el uso de la tierra y de los insumos necesarios a la producción de alimentos”.
Los biocombustibles elaborados a partir de residuos tampoco resuelven el problema: aquellos que proceden de grasas animales pueden contaminar hasta 1,7 veces más que los fósiles, al incentivar el uso de aceite de palma en otras industrias. Además, el riesgo de fraude con aceite de cocina usado podría encubrir un mayor uso real de palma. A ello se suma la inseguridad de su cadena de suministro y una producción deslocalizada en Asia, principalmente China, Malasia e Indonesia.
Priorizar su uso para sectores difícilmente electrificables, como la aviación
España tiene un gran potencial en energías renovables, como la solar y eólica, que puede aprovechar para reducir estos impactos y convertirse en un referente en transición energética. Los biocombustibles deben usarse sólo en sectores sin alternativas viables para reducir emisiones de forma justa, como el marítimo y la aviación.
Para dar respuesta a este desafío, actualmente se está adaptando a la normativa española parte de la Directiva de Energías Renovables, estableciendo objetivos de biocombustibles. Además, en 2027 se revisará el Reglamento ReFuelEU Aviation, que desde 2025 fija objetivos de combustibles alternativos en el sector de la aviación. A pesar del avance normativo que ello puede implicar, es necesario mantener la cautela.
La producción actual del SAF (combustible alternativo para aviones) que se consume en España también se está deslocalizando: el 80% del aceite de cocina usado viene de Asia y el 55% de Singapur y China, por lo que utilizar SAF a partir de residuos no se traduce en independencia energética y precios bajos: “Sustituir una dependencia del petróleo por una dependencia de aceite de cocina usado no soluciona el problema”, afirma Marcos Raufast, responsable de Aviación en ECODES. “La alternativa más sostenible en los aviones es producir y utilizar combustible sintético (e-SAF), porque utiliza materia prima local y electricidad renovable, aporta independencia energética y mayor estabilidad de precios”, concluye.
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PORTAVOCES:
Sarah Galeran y Marcos Raufast
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Lucía Dalmau Menéndez | Área de Comunicación ECODES
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