En un clima de enfrentamiento constante, proponemos cuatro normas de conducta

Una preocupación recorre el ánimo de la buena gente de nuestro país: el grado de polarización, de confrontación visceral, de discusiones agrías en la esfera política se ha incrementado mucho en los últimos tiempos.

Con frecuencia, las palabras que emanan de partes significativas del ecosistema de las instituciones y de los partidos políticos de nuestro país y las palabras que fluyen de medios de comunicación relevantes conforman una atmósfera tóxica, en la que los insultos, las medio verdades y las mentiras florecen. La consecuencia es que la confianza en los otros, argamasa fundamental de una sociedad democrática, se resquebraja y la vida se hace más invivible.

El único signo de esperanza es que fracciones muy mayoritarias de la vida económica y social se resisten a ser arrastradas a esa pendiente autodestructiva.

Muchas personas y muchas entidades se quejan, nos quejamos, de la reiteración de palabras cargadas de odio hacia los otros. Lo que está ocurriendo no tiene nada que ver con lo que nos enseñaron nuestros mayores cuando nos hablaban de la vida decente. Esa no es la España en la que queremos que vivan nuestros hijos e hijas.

Nuestra fundación no solo lamenta lo que ocurre, sino que también quiere contribuir a frenar ese proceso de degradación de nuestra vida pública. Por eso hemos decidido esforzarnos en aplicar siempre estas cuatro normas de conducta:

  1. Aplicar siempre la presunción de inocencia que consagra nuestra Constitución. Queremos ser tercamente bienpensantes.
  2. Debatir con rigor, con templanza y verdad las opiniones ajenas respetando las personas que las formulan. No queremos combatir los insultos con más insultos y no queremos cosechar likes engordando la polarización.
  3. Profundizar en el diálogo paciente con los actores sociales y económicos, buscando identificar horizontes de trabajo compartidos.
  4. Contribuir a elaborar pensamiento largoplacista en nuestro país. No es bueno que una sociedad se despreocupe de las generaciones venideras.

Finalmente animamos a otras entidades a aprobar normas de comportamiento con el mismo propósito que guía las que acabamos de enumerar: contribuir a “frenar la curva” de la polarización que nos degrada como sociedad.

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