Carmelo Marcén Albero destaca la necesidad de vivir la Educación Ambiental para la Sostenibilidad de forma global

Después de muchos años, cada 5 de junio me pregunto qué es el medioambiente -escrito como lo recomienda la Fundéu y por su capacidad unitaria-. Me digo que su cualidad se ha transformado bastante a lo largo de las últimas décadas. Ya no lo asimilamos solamente a naturaleza e, incluso, llegamos a entender que las personas forman parte de él. De hecho, reconocemos que el bienestar de esas no es el destino principal del otro. Ahora mismo lo identifico con un escenario ecosocial extremadamente complejo. En él brotan episodios más o menos críticos, unos propios mientras que otros son consecuencia de las múltiples interacciones entre la economía global y la sociedad afectada -sus intenciones no son a menudo coincidentes-. Sus resultados son a menudo demasiado inciertos e ingobernables. Lo cual obligaría a reducir de forma urgente una buena parte de los impactos de la humanidad global, pues esta resulta altamente beneficiaria del empeño, ahora y en el futuro. 

La Educación Ambiental (EA) pretende entender el envite. Siempre será heterogénea y permanecerá inacabada porque el medioambiente no se encierra en contextos espaciales o temporales. Durante demasiado tiempo, la EA se colmó de ecogestos. Ahora necesita una reinvención en su extensión y dimensión cualitativa. Lo logrará si la gente la siente como algo propio, consustancial con su existencia. Precisa ser ágil pues los problemas ambientales casi siempre se le adelantan, el cambio climático podría ser un ejemplo paradigmático de su necesidad. El cambio necesario de los estilos de vida y las reglas del mundo debería constituir un espacio comprometido de alianzas entre las administraciones, agentes sociales y ciudadanía. Es lo que busca la Educación Ambiental para la Sostenibilidad  (EAS). Esta nueva marca, más ecosocial, congenia mejor con el medioambiente, cuya salud se deteriora a la vez que la de las personas. Así se defiende en “De la Educación Ambiental a la Educación para la Sostenibilidad. Reflexiones y propuestas” que elaboramos en 2019 para la REDS (Red Española de Desarrollo Sostenible).

Necesitamos una EAS permanente, concebida siempre como tránsito inacabado, tanto si mira el día a día particular como si focaliza sus atenciones en lo colectivo, que ahora se concreta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y Agenda 2030. Se trata de vivirla al completo; no puede habilitar en un solo aspecto. Es mejor que se vuelque en acrecentar capacidades y compromisos propios o dirigidos a reinterpretar el infinito medioambiente. En estos momentos se está elaborando en España un Plan de Acción para la Educación Ambiental para la Sostenibilidad (PAEAS). Por bien que salga, nunca podrá explicarlo todo y resolverlo, porque hay demasiadas cosas que escapan a la razón humana; de ahí la diversa forma y ritmos de obrar de países y agentes sociales. Por eso, la EAS debe ser parte principal en cualquier plan de transición social o económica, sea próximo o más global. Se trata de conformar, con expresión duradera, ciudadanía crítica y comprometida sobre el papel de cada cual en la salud del medioambiente ilimitado, personas incluidas.


Carmelo Marcén Albero

Consejero de ECODES

Investigador asociado al Dpto. de Geografía y Ordenación del Territorio y  la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza

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