Santiago Coello hace un llamamiento para que las empresas transformen su política de RSE en militancia transformadora

Hace ya tiempo que es de manejo común el concepto de responsabilidad social corporativa, en el sentido de que la empresa pasa de ser unidimensional, en la que tiene como único objetivo la consecución de beneficios para remunerar a sus propietarios, a ser tridimensional, al poner al mismo nivel la sostenibilidad económica, la social y la medioambiental. Recordemos que ECODES ha sido una de las organizaciones pioneras en España para la difusión e interiorización de este concepto.

El que sea una idea de manejo generalizado no implica, como bien sabemos, que sea realmente seguida, pero no es menos cierto que ya forma parte de los valores de nuestra sociedad, ahora reelaborada con los ODS.

Las organizaciones sociales y medioambientales, como siempre, han seguido avanzando y profundizando en esta línea, y ya no se plantea solo que las empresas sean responsables, que se autoexijan objetivos más ambiciosos que los del mero cumplimiento legal, sino que se conviertan en agentes del cambio social y medioambiental. ¡Las empresas, militantes! ¿Es esto posible?

Creo que sí, en tanto en cuanto las empresas, como toda organización social, están constituidas por personas. Son personas las que las dirigen, son personas las que las poseen. En este sentido, el tan extendido perfil de empresa familiar existente en España es una ventaja. En estas empresas, muchas de las cuales tienen el apellido familiar como razón social, la propiedad está muy encima de la gestión y, sin duda, es capaz de hacer que sus valores personales sean valores de la organización. Hay, pues, que conseguir que empresarios y directivos sean personas militantes de estos valores, y así lo serán las empresas.

En nuestro país, según el Instituto de la Empresa Familiar, el 88% de las empresas son familiares, el porcentaje más alto de Europa, suponen las dos terceras partes del empleo privado y representan el 57% del valor añadido bruto de la economía.

Efectivamente, la propiedad familiar es una oportunidad para que las empresas sean motores del cambio social. Esta es una característica positiva en la que, hasta ahora, se ha ahondado poco. Pero también es verdad que la empresa familiar esta ligada en su gran mayoría a un tamaño pequeño y mediano de empresa, que vive mucho más del corto plazo que la grande, de forma que es necesario que tengan un cambio cultural y vean la rentabilidad a largo plazo derivada de la motivación moral en la toma de decisiones, que crea un activo intangible tan importante como la buena reputación empresarial. 

Las grandes empresas tienen ya claro que la exigencia de responsabilidad social está asentada en la sociedad y hacen de tractores para las pymes, con sus exigencias como compradores, para la responsabilidad social. Pero creo que el siguiente paso, el ser agente activo en el cambio social, está más cerca de las pymes, dado que es más fácil trasladar los valores personales a los de la organización.

La misión de la empresa y la construcción de una nueva economía 

Como bien dice el profesor aragonés Vicente Salas Fumás, “lo que la empresa debe hacer es comunicar claramente cuál es su misión y compromiso para que todos los interesados puedan obrar en consecuencia”. Ya sabemos que esos interesados, o stakeholders, son los inversores, los acreedores, los clientes, los trabajadores y la sociedad en general. 

Así, el concepto de “misión” de la empresa, propio del análisis estratégico de negocios, pasa a ser central en la visión de la misma como agente para la construcción de una nueva economía, más inclusiva y sostenible. ¿Qué quiero decir con esto? Que debemos exigir transparencia a las empresas para que se pronuncien sobre cuáles son sus intereses, su misión, y actuar en consecuencia como consumidores, como posibles inversores, proveedores o clientes… 

Esta es la filosofía que impulsa al movimiento B-Corp, integrado por aquellas empresas que cumplen con los más altos estándares de desempeño social y ambiental, transparencia pública y responsabilidad empresarial para equilibrar el beneficio económico con el propósito de mejora de la sociedad.

Como bien afirma el movimiento B-Corp, los problemas más difíciles de la sociedad no se pueden resolver únicamente a través de los gobiernos y de las organizaciones sin fines de lucro. Reducir la desigualdad y la pobreza, cuidar el medio ambiente, fortalecer el tejido social y crear empleos de alta calidad es una tarea en la que se pueden – y deben implicarse – las empresas. 

Como gestor profesional de empresas desde hace muchos años, he comprobado la fuerza de los negocios para generar un impacto positivo para la sociedad y el medio ambiente. No es lo mismo seleccionar un proveedor que otro, vender los productos con un tipo de envase o con otro, ser transparente con los empleados y compartir con ellos los resultados o no, y así en multitud de decisiones. 

Sin duda, los gestores y los propietarios de empresas con esta mentalidad necesitamos que nuestros clientes y los consumidores en general discriminen positivamente estos comportamientos. La transparencia en el mercado, un valor fundamental para su funcionamiento eficiente ya desde los tiempos de Adam Smith, debe pues ampliarse a la misión de la empresa, que debe ser pública y notoria, algo que facilita enormemente el mundo digital en que vivimos. Al enunciar su misión, la empresa la empresa asume un compromiso con el conjunto de sus grupos de interés.

Termino con una afirmación de Anita Roddick, fundadora de la empresa B-Corp THE BODY SHOP:

“Las empresas dan forma al mundo. Pueden cambiar la sociedad de todas las maneras imaginables”

Santiago Coello

Consejero de ECODES

Socio Director de Estrategia e Inteligencia Económica en Albor Crecimiento Empresarial

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El gobierno de la empresa. Colección de Estudios Económicos – Servicio de Estudios de La Caixa (2002)

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