Javier Celma Celma explica que la Covid-19 ha evidenciado cómo las ciudades multifuncionales son más sostenibles y resilientes

La pandemia ha dado un nuevo valor a lo cercano en las ciudades. Es decir: a una distancia inferior a 1 km del domicilio, los ciudadanos han podido acceder a los servicios públicos esenciales, transporte público, centros de salud, jardines o espacios abiertos, tiendas de alimentación y productos frescos, comercios, etc. Ello ha reabierto el debate de la posibilidad de evitar desplazamientos para acceder a estos bienes y tener todo a mano. Son las ciudades compactas y multifuncionales las que, debido a su diseño urbano, son más sostenibles ambientalmente y han demostrado durante la pandemia que también son resilientes, garantizando los productos y alimentos de primera necesidad. Además, son socialmente más sostenibles, al favorecer la relación entre las personas, aunque fuera en periodos cortos debido a las restricciones fijadas. 

La pandemia también favoreció las ventas del e-commerce, que aumentaron un 36% en España. Ello implicó un fuerte aumento de la actividad logística y puso de manifiesto la necesidad de acelerar los retos de cómo afrontar de forma eficiente el reparto de la última milla, y evitar que a un mismo edificio vayan 7 repartidores a entregar 27 paquetes a horas diferentes. Evidentemente, la innovación y la logística resolverán este problema. Sin embargo, este modelo de comercio nos plantea diversos interrogantes: país de origen de las empresas suministradoras, ubicación de las mismas, fiscalidad y otras cuestiones. Algunos de los retos pendientes nos preocupan: el transporte a gran escala, consumo energético, emisiones de CO2… A nivel urbano, nos alarma el gran volumen de residuos de plásticos y cartón que genera este modelo de comercio y, sobre todo, el fuerte impacto económico que produce en las actividades locales. Por ejemplo, pone en peligro el comercio de proximidad, que además sufre unas políticas de tasas, regulaciones y fiscalidad mucho más duras que los distribuidores externos (comercio on line).  

En tan sólo una generación, el mundo ha cambiado radicalmente. Los objetivos son otros, las perspectivas se han transformado y los mecanismos para conseguir nuevos avances se han perfeccionado. Las ciudades se enfrentan en el siglo XXI a un reto sin precedentes. Las nuevas tecnologías, la innovación, están cambiando la sociedad en su conjunto: las formas de trabajo, la información, comunicación, transporte… y, con ella, la transformación de la ciudad. El eslogan de la “ciudad inteligente” o “smart city” está en cuestión. Sugiere la recopilación de datos de los ciudadanos como un fin en sí mismo y/o con un espíritu de vigilancia y control casi policíaco, sugiriendo un modelo de ciudad que no nos interesa. Como he suscrito antes, la pandemia ha dado un nuevo valor a lo cercano, multifuncional y compacto. Como dice la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, es la “ciudad de los 15 minutos”. 

La resiliencia constituye uno de los desafíos de la ciudad del mañana, al igual que los ambientales, sociales y económicos. Desafíos que podremos afrontar con la ayuda de palancas poderosas que representan la innovación social, la reinvención de las infraestructuras urbanas, la revolución tecnológica, los tributos verdes y, por supuesto, con una gobernanza participativa que considere y acepte que los debates públicos también se desarrollan en las redes sociales. 

En este proceso de cambio no debemos olvidarnos de que las ciudades compactas y multifuncionales, que protegen el comercio local, son las que responden mejor a criterios de sostenibilidad y resiliencia, por lo que mantenerlas y adecuarlas al futuro será uno de los retos del siglo XXI

Javier Celma Celma

Consejero de ECODES

Ex-director de la Agencia de Medio Ambiente del Ayto de Zaragoza

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