Pilar Balet Robinson confía en que la Ley de Cambio Climático conlleve recursos suficientes para el desarrollo de estrategias de comunicación

La fundación que recupera el quebrantahuesos en España, una especie en peligro de extinción, constató hace ya un tiempo la presencia de malaria aviar en el Valle del Ebro. Un parásito poco habitual en estas latitudes que amenaza la supervivencia de los polluelos que intentan recuperar desde su centro de La Alfranca, en Zaragoza. No se trata de una cuestión menor, ya que representa otro ejemplo más de las importantes consecuencias que el aumento de las temperaturas tiene sobre nuestro entorno natural más cercano y su biodiversidad. 

Recientemente aprobada, la Ley de cambio climático y transición energética establece en diferentes artículos el compromiso del Gobierno a “realizar campañas de sensibilización ciudadana sobre los efectos del cambio climático y el impacto de la actividad humana”. También incluye “fomentar la mejora del conocimiento sobre la vulnerabilidad de las especies silvestres y los hábitats”, una necesidad urgente al ser muy pocos los que conocen detalles como el citado anteriormente que, aunque pueden parecer mínimos, resultan muy significativos. 

Debemos comenzar el trabajo de educación y sensibilización cuanto antes, no podemos perder más tiempo. Muchas organizaciones no gubernamentales llevan años transitando este camino, pero sus recursos son escasos y su campo de acción limitado. La lucha contra el cambio climático afecta a todos los estamentos sociales y económicos de nuestra vida, todos somos responsables de fomentar su conocimiento y las prácticas que nos llevan a combatirlo. Por ello, esperamos que la implementación de esta nueva ley suponga un fuerte empujón en este sentido y cuente con recursos económicos suficientes destinados a desarrollar estrategias de comunicación sólidas y eficaces

Por un lado, el gobierno debe asignar los recursos necesarios para diseñar campañas de información sobre los cambios que introduce esta ley y sus objetivos, así como la manera en que éstos pueden afectar nuestra vida diaria a corto, medio y largo plazo. También campañas de sensibilización sobre hábitos y conductas sostenibles que deben extenderse entre todos los sectores poblacionales. Utilizando herramientas y canales de comunicación, así como lenguajes adecuados para los diferentes públicos. 

Si bien durante la pandemia hemos echado de menos campañas institucionales de comunicación eficaces vinculadas con la salud pública, nuestra historia reciente nos recuerda numerosas campañas lideradas por las instituciones que cambiaron nuestros hábitos para protegernos, por ejemplo, del consumo de drogas, el SIDA o los accidentes de tráfico. Con la voluntad adecuada, el Gobierno cuenta con recursos suficientes para orquestar estrategias de comunicación desde las múltiples instituciones públicas de nuestro país, con especial enfoque sobre los colectivos más vulnerables como jóvenes y niños. 

Por otro lado las organizaciones no gubernamentales, y más especialmente, aquéllas que trabajan por la conservación de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático deben impulsar su labor pedagógica. Su experiencia y reconocimiento social las convierten en referentes respetados por la ciudadanía, por lo que su responsabilidad sobre la comprensión de este fenómeno y la llamada a la acción para afrontarlo es todavía si cabe mayor.  

Es el momento de dedicar también recursos a mejorar las habilidades de comunicación entre todos aquellos actores implicados en la pedagogía medioambiental, desde profesores a guías turísticos, periodistas, científicos o técnicos medioambientales. La información es poder, pero sólo cuando ésta es bien comprendida y asimilada. Por ello la necesidad de capacitar en habilidades destinadas a facilitar este objetivo. 

Tal y como dice esta Ley “retrasar decisiones supondría asumir más riesgos, más costes y más injustamente distribuidos”. Urge comunicar más y mejor sobre medioambiente.

Pilar Balet Robinson

Consejera de ECODES

Consultora de comunicación con impacto social en La mar de gente Comunicación y Stone Soup Consulting

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