Pistas sintéticas para esquiar: ¿una respuesta al cambio climático?
El cambio climático está cambiando el paisaje de las estaciones de esquí. Las temperaturas en aumento y la reducción de las nevadas, especialmente en cotas bajas, han puesto en jaque la viabilidad de muchas de estas infraestructuras. Ante este panorama, las estaciones buscan medidas de adaptación que aseguren su futuro y permitan mantener el atractivo de los deportes de invierno. Una de las alternativas que ha comenzado a utilizarse en algunos centros es el uso de pistas sintéticas.
Estas pistas, fabricadas con materiales como alfombras textiles o polímeros de alta tecnología, ofrecen una experiencia similar al esquí sobre nieve. Estaciones en diferentes partes del mundo han comenzado a implementarlas como una solución para zonas concretas con poca innivación (como acceso a telesillas y otros remontes mecánicos) o en espacios que ofrecen una experiencia diferente durante todo el año. Ejemplos como la pista de esquí en el tejado de Copenhill, en Dinamarca, o la estación rusa de Chechenia, que ha inaugurado una de las pistas artificiales más largas del mundo, muestran cómo estas infraestructuras pueden ser útiles tanto para el turismo como para diversificar las economías locales.
Entre sus ventajas destacan la independencia de la nieve y el ahorro en consumo de agua y energía. A diferencia de las máquinas de innivación artificial, las pistas sintéticas no requieren un uso intensivo de recursos naturales para su funcionamiento. Esto puede ser clave para las estaciones más pequeñas o aquellas ubicadas en áreas donde las nevadas son cada vez más escasas. Además, permiten esquiar durante todo el año, atrayendo turistas incluso en los meses más cálidos.
Sin embargo, estas pistas no están exentas de problemas, especialmente cuando se analizan sus posibles impactos en el medio ambiente. A pesar de reducir el uso de recursos como agua y energía, la producción de los materiales que las componen suele ser intensiva en carbono y en procesos industriales que pueden generar contaminación. Además, la instalación de estas pistas en entornos naturales implica modificaciones significativas en el paisaje. En muchos casos, estas alteraciones pueden afectar negativamente a los ecosistemas locales, desplazando especies y reduciendo la biodiversidad en áreas de alta montaña.
Por ejemplo, en estaciones ubicadas en regiones sensibles, la construcción de pistas sintéticas puede significar la eliminación de vegetación autóctona o cambios en la composición del suelo. Estos impactos, sumados al uso intensivo de las zonas por parte de los turistas, podrían poner aún más presión sobre ecosistemas ya amenazados por el cambio climático.
Otro desafío es la falta de aceptación entre los deportistas más experimentados. Las pistas sintéticas aún no logran replicar completamente la sensación de esquiar sobre nieve real, lo que ha limitado su uso en el ámbito del esquí competitivo. Esto, sumado a los altos costos iniciales de instalación, hace que muchas estaciones se muestren reticentes a implementarlas, especialmente en regiones donde la nieve natural sigue siendo viable durante buena parte del año.
Quizás la pista de esquí sistética más conocida es CopenHill, en el tejado de la planta de incineración de residuos de la ciudad de Copenhagen en Dinamarca. También es habitual encontrar estras instalaciones en los míticos trampolines que mantienen su actividad durante la época no invernal.
En España tenemos un ejemplo en Alcalá de la Selva, Teruel, con una pista de alrededor de 100 metros que permite esquiar durante todo el año (ver enlace).
En la página web de la empresa italiana Neveplast, líder del sector, se presentan otras instalaciones (ver enlace).
Más información:
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