Análisis del componente ético de la inteligencia artificial en la descarbonización de las organizaciones
La IA se basa en algoritmos y modelos que permiten a las máquinas analizar grandes cantidades de datos y extraer conclusiones, identificar tendencias y tomar decisiones informadas. A medida que se va extendiendo y aparecen nuevos recursos y productos basados en ella, surge la necesidad de abordar su desarrollo y aplicaciones de manera responsable, ética y respetuosa con los valores y derechos humanos, asegurando que estas tecnologías trabajen en beneficio de las personas, las empresas, los gobiernos, la privacidad, la sociedad en su conjunto y el medio ambiente, lo cual plantea nuevos desafíos. Cada uno de estos actores tiene responsabilidades y acciones específicas que pueden llevar a cabo para promover un uso responsable, ético y respetuoso de la IA.
Desde Europa, la regulación de la IA intenta responder a ese tipo de planteamientos. Y lo hace en función de los riesgos que implica dicha tecnología. Por ello la ha llevado a distinguir entre las aplicaciones que implican un mayor riesgo y un menor riesgo.
Por otro lado, la relación entre la técnica y la ética debe hacerse desde el respeto a la autonomía de cada una de ellas. Pero también desde la aceptación de que, a la ética, en la medida en que se pregunta por las razones últimas de la acción humana, le corresponde ofrece algunos principios que pueden orientar el desarrollo y aplicación de la IA.
Es deseable priorizar el bienestar humano, la equidad y el interés público en todas las aplicaciones de la IA. De esta manera, esos sistemas, deberían contribuir al servicio y al avance de la humanidad y mejorar la calidad de vida de las personas. Es importante que los actores involucrados adopten e integren ciertos principios en sus prácticas y decisiones, recordando que, la técnica es un medio; el fin es la excelencia humana y el desarrollo de la sociedad.
Por otro lado, en un contexto de emergencia climática como el que enfrentamos, es imperativo analizar detalladamente el impacto ambiental de los centros de datos y proveedores de servicios en la nube, enfocándose en el consumo energético, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el uso de recursos naturales, y la gestión de residuos electrónicos. Estas infraestructuras, fundamentales para la economía digital, tienen un significativo consumo energético y hídrico, generando presiones ambientales importantes. La demanda energética global de estos centros se ha incrementado notablemente en las últimas décadas, representando actualmente entre el 1% y 1,5% del consumo eléctrico mundial, con previsiones de aumento significativo en los próximos años, especialmente en España.
Bajo este marco, hemos llevado a cabo sendos análisis con la Universidad de Zaragoza encaminados a ahondar en estos desafíos que la IA plantea. Existe preocupación por el tema, pero -pese a los desafíos actuales- existen también importantes oportunidades derivadas de innovaciones tecnológicas que, combinadas con un marco regulatorio robusto y una mayor concienciación social y empresarial, pueden contribuir decisivamente a mitigar la huella ambiental del sector tecnológico global.

