El Reglamento de la Unión Europea sobre el metano, en vigor desde el 4 de agosto de 2024, es una pieza clave en la lucha contra el cambio climático. Dos años después de su entrada en vigor, enfrenta presiones, precisamente cuando actuar es más urgente que nunca.

Un marco clave para reducir las emisiones de metano del sector energético
Cada año queda más clara la necesidad de actuar para frenar el cambio climático. Una vía para lograrlo es reducir las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero 80 veces más potente que el CO2, producido en los sectores de los residuos, la ganadería y la energía. En el sector energético, el metano es una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero debido a las fugas que se producen durante su extracción, transporte y uso.

Con este Reglamento, la Comisión Europea quiere reducir las emisiones de metano en ese sector, donde actuar no solo es posible, sino que puede llegar a ser rentable: al cerrar las fugas, las empresas pueden recuperar y vender el gas que antes se perdía. Según la Agencia Internacional de la Energía, el 70% de estas emisiones podría reducirse con la tecnología que ya existe hoy en día, y un 30% incluso sin coste alguno para las empresas.

Sin embargo, los ataques de la industria y de los países productores de combustibles fósiles se están intensificando. En su punto de mira está la seguridad de suministro. Pero no están contando toda la historia: el Reglamento está pensado para aplicarse de manera gradual y contiene salvaguardias para evitar problemas de suministro. Algunos países de la Unión Europea también lo están criticando, pero España ha mostrado su apoyo a la Comisión y a la lucha contra el cambio climático.

Entre la ambición y la resistencia: los retos para aplicar el Reglamento 
La guerra entre Estados Unidos e Irán y el cierre del estrecho de Ormuz han disparado las preocupaciones sobre la seguridad de suministro. En este contexto, los países más avanzados en su transición energética, con una menor dependencia de los combustibles fósiles,como España, donde las renovables tienen un papel importante, se han visto menos afectados.

Un estudio de Rystad Energy muestra que las presiones actuales del mercado están impulsadas por perturbaciones globales en el suministro, no por el Reglamento europeo sobre el metano  De hecho, aplicando las medidas necesarias para reducir las emisiones de metano, a largo plazo se podría recuperar el doble del gas afectado por el cierre del estrecho de Ormuz, según datos de la Agencia Internacional de la Energía.

El estudio también aporta otros datos que desmontan el argumento de la industria: el suministro que cumple con la normativa supera en más de tres veces los requisitos actuales de importación de la UE, el 55% de todas las exportaciones de gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos se dirige a Europa, lo que demuestra que los propios exportadores dependen de la demanda europea, y la actividad de contratación no muestra ningún cambio estructural vinculado al Reglamento. Es decir, los desafíos que quedan por resolver son de carácter operativo, no cuestiones de disponibilidad de suministro.

Si esta crisis revela algo, es precisamente la necesidad de seguir avanzando en la transición energética y de salir de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, como defendemos desde ECODES.

España y el resto de la Unión Europea tienen que seguir avanzando, paso a paso pero sin pausa, para que el Reglamento se aplique dentro de los plazos acordados y podamos reducir  las emisiones de metano con la urgencia que exige la crisis climática. y como urge hacerlo.

Más información:

Sarah Galeran
Área de Políticas Públicas
Responsable metano
sarah.galeran@ecodes.org

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