Duodécima crónica de la COP26, fuera de la valla, lejos de Glasgow. Víctor Viñuales, director de ECODES.

Las COP antes eran solo cosa de gobiernos. Hace pocos años se creó la figura del Champion de la COP para mover a los actores no estatales: las regiones, las ciudades, las empresas, las ONG, las Universidades…

Por eso en la COP26 hay dos COP: la gubernamental, la de las negociaciones de los 196 países para -por consenso- lograr un acuerdo. Sobre esa COP están puestos todos los focos. Qué debería ocurrir en esa COP: que esos 196 países -por consenso- acuerden medidas efectivas, concretas, numéricas, y a plazo fijo, para que la temperatura de la Tierra no suba más de 1,5 ºC sobre los niveles preindustriales. Problema: el consenso. Bueno para unas cosas y muy malo cuando se trata de poner de acuerdo rápido a partes que, en muchos casos, NO QUIEREN ponerse de acuerdo.

Muchas personas no entienden la dificultad de llegar a acuerdos en la COP, pero esas mismas personas comprenden las dificultades de llegar a un acuerdo por unanimidad en su comunidad de vecinos para renovar el ascensor y el patio.

El consenso tiene buena prensa, pero a veces tiene malos efectos secundarios. Para construir ese consenso en las declaraciones finales acaban desapareciendo del texto los compromisos concretos, las fechas ciertas, aparecen los tiempos verbales condicionales, las fórmulas ambiguas, de doble interpretación. No aparecen palabras tabú, como fue el caso de los combustibles fósiles que no aparecen en el Acuerdo de París. Así se logran los acuerdos por consenso en las COP: diluyendo lo concreto.

El borrador del acuerdo final de la COP26 que se conoció ayer adolece de esta falta de concreción, y anda muy sobrado de esa ambigüedad calculada que mencionaba antes.

Pero el mundo espera y necesita acciones concretas, palabras claras, fechas ciertas…Y por eso hay enfado, por eso se grita en las calles y crece la desesperanza y el miedo. Remedando a Cristina Peri Rossi, reciente premio Cervantes, podríamos decir que la realidad de la COP26 gubernamental da motivos de quejas.

Mientras se crea otra metodología de las COP que no lo fie todo al consenso  habrá que, además, profundizar en la otra COP, la de los acuerdos concretos, con determinados países, determinadas empresas, determinados actores. Acuerdos concretos, con fechas ciertas, sin expresiones ambiguas… En esa otra COP España puede y debe jugar un papel relevante, y lo deben hacer también las empresas españolas, las Comunidades Autónomas, las ciudades, las entidades sociales y medioambientales…

El viejo y noble lema del movimiento ecologista “piensa global y actúa local” debe ser enriquecido: piensa global, actúa local y actúa global. Es lo que toca. Los gobiernos solos, por consenso, no resolverán la encrucijada climática.

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