Sin rumbo claro, la Unión Europea compromete su credibilidad climática
Diez años después del Acuerdo de París, la Unión Europea (UE) presenta su nueva Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) en vísperas de la COP30 en Belém (Brasil), y lo hace sin un acuerdo político sólido. Tras meses de negociaciones, los Estados miembros solo lograron consensuar un rango de reducción de entre el 66,25% y el 72,5% respecto a 1990, en lugar de un objetivo claro y vinculante. El resultado es una NDC que llega tarde y se queda corta en una Europa dividida, bajo la presión de otros intereses, sin la ambición que el momento climático exige.
La NDC de la UE
La presentación de la NDC debía haberse presentado hace meses, el plazo finalizó en febrero y se amplió a septiembre, pero su contenido refleja más indecisión que liderazgo. Países como España, Dinamarca o Suecia defendieron mantener la ambición climática, mientras otros —como Polonia, Hungría o la República Checa— reclamaron más flexibilidad y herramientas de flexibilidad a través de compensaciones de emisiones en terceros países.
El resultado, un rango en lugar de una meta firme, que socava la credibilidad europea justo cuando la agenda global de acción climática necesita señales de coherencia y determinación.
Ley Climática de la UE 2024: objetios de reducción de emisiones y compensaciones
En paralelo, la UE adoptó su Ley Climática para 2040, que fija un objetivo de reducción del 90% de las emisiones respecto a 1990, con un 85% de reducción interna y hasta un 5% mediante compensaciones de emisiones en terceros países. La norma también aplaza un año la ampliación del Sistema de Comercio de Emisiones (ETS2), debilitando las señales al mercado sobre el precio del carbono, en un momento en que debería reforzarse.
La combinación de flexibilidad excesiva, créditos externos y retrasos regulatorios transmite una sensación de estancamiento y va en contra de la urgencia que marca la ciencia. Permitir más margen a los Estados para cumplir objetivos sectoriales —en transporte, edificación o agricultura— debilita los incentivos para la descarbonización de toda la economía, socavando el corazón del Pacto Verde Europeo.
El cambio climático no espera
El Informe de Síntesis de la ONU sobre las NDC confirma que los compromisos actuales de los países solo permitirían una reducción del 17% de las emisiones globales en 2035 respecto a 2019, cuando la ciencia exige al menos un 60%. Aunque las emisiones comienzan a descender, la curva global sigue demasiado lenta, situando al planeta en una trayectoria de más de 2,5 °C de aumento de temperatura si no se acelera la acción antes de 2035.
Además, la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) alerta de que, entre 1980 y 2023, los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos causaron más de 240.000 muertes y pérdidas económicas por valor de 738.000 millones de euros, de los cuales 162.000 millones corresponden solo al periodo 2021–2023. Cada año de retraso implica costes humanos, sociales y económicos crecientes.
En este contexto, la UE no puede conformarse con compromisos ambiguos. Para alinearse con el límite de 1,5 °C y el principio de equidad, debería alcanzar cero emisiones netas domésticas en 2040, basándose en al menos un 92% de reducción bruta respecto a 1990. Su NDC debe ser un punto de inflexión real, no un ejercicio burocrático. Esto implica eliminar progresivamente los combustibles fósiles, acelerar las energías renovables, priorizar la eficiencia y asegurar que al menos el 50% de la financiación climática europea se destine a medidas de adaptación y transición justa.
Más coherencia, más acción, menos complacencia
Desde ECODES creemos que esta NDC representa una oportunidad perdida para reafirmar el liderazgo climático europeo. Aunque la arquitectura del Pacto Verde Europeo sigue siendo un modelo avanzado, su implementación debe ser coherente, ambiciosa y urgente. El verdadero liderazgo no se mide por las cifras en los documentos, sino por la transformación tangible de la economía y la sociedad.
La COP30, que comienza el lunes que viene en Brasil, llega como una cita decisiva. Europa tiene la tecnología, los recursos y la legitimidad para liderar, pero debe hacerlo con hechos: acelerar la reducción de emisiones, reforzar la financiación climática y apoyar una transición justa global. Cumplir el Acuerdo de París implica actuar con coherencia, asumir responsabilidades históricas y garantizar un futuro habitable. En Belém, la UE deberá demostrar que sigue siendo un referente mundial, no solo en las declaraciones, sino en los resultados.
