Entender qué significan la fecha de caducidad y la de consumo preferente es clave para consumir alimentos de forma segura, evitar riesgos innecesarios y reducir el desperdicio, contribuyendo al cuidado del medio ambiente.

En la mayoría de los productos, el envase incluye una fecha que orienta sobre el momento óptimo de consumo. Sin embargo, según cómo esté indicada, su significado puede variar. Pero ¿sabrías distinguir entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente?

Conocer el significado de estas fechas es fundamental tanto para la seguridad alimentaria —al ayudar a reducir los riesgos microbiológicos— como para disminuir el desperdicio de alimentos, un aspecto clave en la transición hacia un sistema alimentario más sostenible.

Fecha de caducidad

La fecha de caducidad indica hasta cuándo un alimento es seguro para su consumo. Suele aparecer en productos muy perecederos, como el pollo, el pescado fresco o los platos refrigerados.A partir de ese momento, no se recomienda consumirlos, ya que puede suponer un riesgo para la salud.

Normalmente aparece precedida por la mención “fecha de caducidad…” seguida del día límite de consumo. Además, es fundamental respetar las instrucciones de conservación indicadas en el envase; por ejemplo: “una vez abierto, consumir en un plazo máximo de 24 horas”.

Fecha de consumo preferente

La fecha de consumo preferente indica hasta cuándo el alimento mantiene su calidad óptima (sabor, textura y aroma). Una vez superada esa fecha, el producto puede seguir siendo seguro para el consumo, siempre que el envase esté en buen estado y se hayan respetado las condiciones de conservación.

A partir de ese momento, es posible que el alimento pierda parte de sus propiedades sensoriales. Por ello, antes de consumirlo, es recomendable comprobar su aspecto, olor y sabor.

En este caso, la fecha suele estar precedida por las frases: “consumir preferentemente antes de” y los alimentos más comunes con esta fecha son las harinas, galletas, arroces o pastas, legumbres y alimentos congelados, entre otros. 

Comprender la diferencia entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente nos permite tomar decisiones más informadas, proteger nuestra salud y aprovechar mejor los alimentos, contribuyendo así a reducir el impacto ambiental.

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