Eliminar las barreras para el cemento de bajas emisiones de carbono en Europa
La descarbonización de la industria pesada se ha planteado tradicionalmente en torno a una distinción entre los sectores considerados «difíciles de descarbonizar» (hard to abate) y aquellos que pueden alcanzar la neutralidad climática mediante la electrificación.
En este contexto, el cemento sigue siendo un componente especialmente desafiante, pues alcanzar emisiones cercanas a cero en su producción requiere cambios fundamentales en las materias primas y en los procesos químicos, y no únicamente la electrificación. Incluso si la electrificación fuera una solución definitiva, la magnitud de la infraestructura energética necesaria para abastecer a estas industrias seguiría constituyendo una limitación importante, dada su elevada intensidad energética y de capital.
No obstante, el sector está dando pasos hacia su descarbonización. Durante las dos últimas décadas se han logrado avances significativos en la mejora de los procesos y los productos, entre ellos la reducción del contenido de clínker —el componente con mayor huella de carbono del cemento convencional— mediante una mayor incorporación de materiales cementantes suplementarios (SCM) en el cemento o el uso de áridos reciclados en el hormigón. A ello hay que añadir la sustitución del calor generado con combustibles fósiles por fuentes eléctricas.
Dado que la electrificación permite reducir aproximadamente el 40 % de las emisiones derivadas de los combustibles fósiles y disminuye simultáneamente la demanda energética necesaria para la calcinación del clínker, la huella de carbono de estas nuevas formulaciones puede ser hasta un 70 % inferior a la del cemento convencional, e incluso alcanzar reducciones del 75 % cuando se utiliza electricidad procedente de fuentes renovables.
Entre las vías alternativas también se incluye el uso de materias primas circulares recuperadas de residuos de construcción y demolición. Estas innovaciones no son meramente teóricas: ya se han aplicado en proyectos reales, como la Villa Olímpica de los Juegos de París 2024.
A pesar de su grado de madurez tecnológica, estos conglomerantes alternativos de bajas emisiones de carbono —e incluso las nuevas formulaciones de cemento con bajo contenido de clínker— no pueden comercializarse en el mercado único europeo porque no pueden certificarse como cemento conforme a la normativa de la UE.
Este cuello de botella no es tecnológico, sino regulatorio. Como consecuencia, las inversiones en conglomerantes de bajas emisiones avanzan lentamente y la transición sigue siendo desigual, enfrentándose a barreras estructurales que van más allá de la tecnología.
El informe Cement is better del European Environmental Bureau, en el que desde ECODES hemos colaborado, ahonda en estas cuestiones. La transición hacia un cemento realmente bajo en carbono ya está en marcha. Ahora le toca a la política europea eliminar las barreras y acelerar su despliegue.
