Integrando soluciones a corto plazo en un enfoque estructural a largo plazo

La pobreza energética no es un fenómeno nuevo: en 2019, 1 de cada 4 hogares de la UE, es decir, más de 50 millones de individuos, no podía permitirse calentar, refrigerar o iluminar adecuadamente sus casas. La pandemia del COVID-19, una guerra en Ucrania, la subida vertiginosa de los precios de la energía y una crisis del coste de la vida han agravado aún más esta situación. 

La Comisión Europea y los Estados miembros están adoptando medidas de emergencia para ayudar a los hogares y a las empresas a hacer frente al elevado precio de la energía. El apoyo a corto plazo a los hogares para ayudarles a pagar sus facturas energéticas (por ejemplo, a través de reducciones de precios y ayudas directas) es definitivamente necesario. Sin embargo, estas medidas a corto plazo deben allanar el camino hacia soluciones a largo plazo que garanticen que todo el mundo tenga acceso a una calefacción renovable sostenible en un futuro próximo. De no ser así, las ayudas financieras a los hogares:

  • Acabará en los bolsillos de la industria de los combustibles fósiles, que se ha beneficiado de la actual crisis de los precios de la energía, ya que la mayoría de la población europea sigue dependiendo del gas y del carbón para calentar sus hogares.
  • Encadenar a estos hogares al uso de instalaciones basadas en combustibles fósiles, desincentivando el cambio a unas basadas en energías renovables: Las ayudas a corto plazo para pagar las facturas de energía deben integrarse en un planteamiento a largo plazo que permita acabar con la dependencia de los combustibles fósiles de las personas con escasos recursos.
  • Tienen mucho peso en los presupuestos públicos, sobre todo cuando las ayudas no están dirigidas a quienes más lo necesitan. Así, se corre el riesgo de que la austeridad llame a la puerta, mientras que la financiación adecuada de la sanidad, la educación, la mejora y la reconversión profesional o las garantías de empleo son más necesarias en estos tiempos difíciles que nunca.

Pero hay soluciones. Los aumentos salariales para hacer frente a la inflación, medidas adecuadas de fijación de precios de la energía y una sólida protección social son parte de la respuesta que se debe poner en marcha. A menudo se subestima es el papel crucial que la rehabilitación de los edificios y la descarbonización de la calefacción tienen en la lucha contra la pobreza energética. El impacto de las políticas de la UE tiene que hacerse sentir en los hogares de los ciudadanos. Es necesario acelerar la rehabilitación de los edificios europeos, centrándonos específicamente en los edificios menos eficientes, así como en quienes se encuentran en riesgo de pobreza energética (véanse las recomendaciones de de las ONG para una correcta refundición de la Directiva relativa a la eficiencia energética en edificios).

Para alcanzar nuestros compromisos en materia de energía y clima, garantizando al mismo tiempo una transición justa y equitativa, los gobiernos deben proporcionar financiación y apoyo técnico adecuados para llevar a cabo una rehabilitación ambiciosa (la llamada rehabilitación profunda) que haga que los hogares sean más eficientes desde el punto de vista energético, con especial atención para llegar a los hogares en situación de vulnerabilidad. Cuando la rehabilitación profunda no es factible en una sola etapa (por el alto coste inicial o las limitaciones de tiempo), la rehabilitación puede hacerse de forma gradual para mejorar urgentemente la calidad de vida dentro de sus hogares y reducir sin demora sus facturas energética. La inversión inicial debe garantizar un alto nivel de rentabilidad, combinando el aislamiento térmico con actuaciones en el sistema de calefacción y refrigeración de los edificios. Dado que los hogares con escasez de recursos no pueden disfrutar de un confort térmico suficiente (ya que a menudo vivien en los edificios más ineficientes), estos enfoques garantizarán que se alcance un alto nivel de confort interior (y con ello unas condiciones de vida más saludables), lo que es especialmente relevante para los edificios más ineficientes, al tiempo que se ahorra energía y se reducen las emisiones de CO2. Sin embargo, el objetivo final de un número limitado de pasos en el proceso de rehabilitación debe seguir siendo alcanzar una rehabilitación profunda que mejore sustancialmente la eficiencia energética.

Las organizaciones de la sociedad civil y las administraciones públicas deben contar con los recursos adecuados para acompañar a las personas con escasos recursos y conectar a los distintos agentes relevantes para que la rehabilitación de los edificios y la integración de soluciones de calefacción renovable sean un éxito (instituciones financieras, administradores de fincas, empresas de construcción, viviendas sociales, arquitectos, municipios, servicios sociales, etc.). Acompañar a los ciudadanos antes, durante y después de la rehabilitación (es decir, cómo garantizar mejor el ahorro de energía) es absolutamente crucial para asegurar que se benefician de los procesos de rehabilitación. También es importante que las organizaciones de la sociedad civil o las autoridades públicas encargadas de los programas dirigidos a la población en situaciones de pobreza energética trabajen con los servicios sociales e identifiquen y lleguen de forma proactiva a las personas que necesitan apoyo, lo que también puede hacerse mediante el uso de otros medios de difusión adaptados (por ejemplo, las emisoras de radio locales). Trabajar con organizaciones que se centran en los derechos de la mujer o que apoyan a las mujeres, los hogares dirigidos por mujeres y las organizaciones centradas en los niños son también cruciales para asegurar que se identifican las personas adecuadas que necesitan apoyo. Los centros de ayuda o las ventanillas únicas deben combinarse con visitas a los hogares. Es necesaria también la formación sobre conceptos y normativa energética (cómo ahorrar energía y reducir las facturas, cómo mejorar el confort en los hogares y cómo reducir las emisiones de CO2, los derechos de los consumidores de energía, etc.) para los agentes sociales y las familias que puedan beneficiarse de una ayuda que les convierta en agentes activos de la transición energética. Teniendo en cuenta que no toda la población en situaciones de pobreza energética es propietaria de su vivienda, es importante contar con una normativa eficaz que aborde las complejidades de los inquilinos y propietarios. La recopilación de datos desglosados por género cuando se pongan en marcha estos programas de rehabilitación o de calefacción renovable dirigidos a personas con bajos ingresos permitirá medir también su impacto en la igualdad de género.

Por último, pero no por ello menos importante, el apoyo financiero sin orientación, o el apoyo financiero sin medidas de acompañamiento adecuadas, no llegará a la población en situación de pobreza energética. Es importante adaptar los planes de financiación (subvenciones, desgravaciones o exenciones fiscales, costes iniciales, etc.) a las personas a las que van dirigidos (teniendo en cuenta su edad, si son propietarios de su vivienda, etc.). 

Existen experiencias muy exitosas en varios Estados miembros para garantizar que las ayudas económicas públicas y privadas para las rehabilitaciones y las soluciones de calefacción y refrigeración renovable beneficien en primer lugar a quienes más lo necesitan, muchas de ellas desarrolladas por miembros de CAN Europe. En España, por ejemplo, desde ECODES, desarrollamos el programa Ni un hogar sin energía, por el que acompañamos a los hogares en situación de pobreza energética para realizar diagnósticos energéticos, la implementación de rehabilitaciones exprés y medidas de eficiencia energética, para identificar oportunidades de financiación y asegurar la mejora del confort en los hogares mientras se reduce la factura energética. Energy Cities, a través del proyecto de la UE Innovate, ha apoyado a uno de sus miembros, la ciudad de Mantova (Italia), para llevar a cabo un proyecto piloto por el que un edificio se sometió a una profunda rehabilitaciones a través de esquemas de financiación alternativos adaptados a la situación personal de los habitantes (en su mayoría personas mayores propietarias de su apartamento). Las asociaciones, la divulgación selectiva, el acompañamiento de los habitantes y los planes de financiación adecuados han sido la clave del éxito. Estos ejemplos demuestran que es posible conseguir la descarbonización de los edificios y la calefacción trabajando con los hogares vulnerables para mejorar sus condiciones de vida. Demuestran que la acción climática y la justicia social van de la mano.

Artículo realizado en colaboración con Can Europe.

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