El centro cerró sus puertas, pero una fuerte red interpersonal mantiene su esencia

Considerado como uno de los espacios culturales y artísticos más importantes de San Salvador desde el 2012, La Casa Tomada fue una iniciativa del Centro Cultural de España en El Salvador que propuso un modelo innovador de gestión colectiva, participativa y sostenible. La venta en 2019 del inmueble en el que se ubicaba obligó a cerrar el centro, tras un breve intento de mantener sus puertas abiertas en otra ubicación. Sin embargo, el poder de las alianzas ha posibilitado que el proyecto hoy siga vivo. Y es que su espíritu va más allá de un espacio físico: es un concepto que pertenece, se alimenta, crece, evoluciona y se expande gracias a toda la ciudadanía. Nos lo cuenta Nahiely Mendoza, integrante de la Comisión de Acción Cultural del centro.

Abogada y notaria de formación, Nahiely llegó al ámbito de la gestión cultural a través del voluntariado. “Con Glasswing International pude trabajar en Las Palmas en un proyecto con niños en el que, a través de la danza y el canto, reforzábamos su autoestima y se fomentaba el sentimiento de comunidad”, cuenta.

Esta experiencia le permitió ser referida para una vacante en La Casa Tomada. Sin embargo, confiesa que al principio no entendía el trasfondo del proyecto: “Éramos un grupo de jóvenes menores de 30 años capitaneados por dos altos cargos que conectaban con las estratosferas de San Salvador, con mucha efervescencia a la hora de hacer cosas y con un fondo de un millón de dólares proporcionados por la Unión Europea… Pensaba que mis conocimientos administrativos y legales, unido a la posibilidad de facilitar procesos comunicativos en Las Palmas, vendrían bien. Pero no entendía cuál era el meollo del asunto”, explica. Le bastaron sólo 6 meses para entender que su trabajo implicaba negociar con agentes de cooperación internacional, y que tejer una red sólida de alianzas con diferentes actores sería clave.

Habilidades para forjar alianzas sostenibles

De esta experiencia, Nahiely resume así sus aprendizajes:

El valor de las habilidades blandas y la comprensión de los contextos – “Trabajábamos en un entorno rodeado de una violencia real; necesitábamos comprender en profundidad cuál era la situación del otro”.

La necesidad de buscar puntos intermedios en los que ambas partes ganen – “Aunque el objetivo era generar un modelo autosostenible, teníamos que construir relaciones sanas con las instituciones para obtener financiación. Debíamos ir más allá de la firma de un convenio. Trabajábamos con un enfoque colaborativo para generar un impacto positivo real”.

La necesidad de combinar la burocracia institucional con lo orgánico de las sinergias colaborativas – “Quienes trabajamos en terreno somos los principales afectados por las políticas públicas. Desde la cooperación internacional, desde un escritorio en Madrid, no siempre se entiende la trascendencia de los proyectos”, sostiene Nahiely. “Fernando Fajardo, director del Centro Cultural de España, nos enseñó a hackear el sistema. Nos empoderó, nos permitió crear un espacio para la ciudadanía, nos permitió tener una programación cultural atractiva, nos permitió conectar vecindades… Pero, al mismo tiempo, teníamos que ser conscientes de que estábamos ubicados frente a la Embajada de España. Ello nos proporcionaba seguridad, pero impedía que pudiésemos sentirnos totalmente libres a la hora de programar determinadas actividades, como algún concierto…”, prosigue.

Paso lento, pero firme – “La Casa Tomada exigía un enfoque innovador. Cuando forjamos acciones que conllevan cambios de paradigma, en necesario tiempo para que permee en las súper estructuras”.

El poder de las macro alianzas – “Queríamos implementar un sistema de gestión compartido: que una parte fuese autosostenible a través de actividades de pago y que otra fuese financiada a través de la Unión Europea. Pero no pudimos. No es lo mismo hablar bajo la sombrilla de la cooperación que bajo el gusto y la motivación…”.

La capacidad de las microalianzas – “Cuando supimos que el edificio donde estábamos se iba a vender, las alianzas que habíamos tejido ayudaron a que nos donasen un inmueble, ¡un castillo! Pero no era el espacio adecuado para nuestra actividad…”.

Esta misma red de microalianzas -tejida durante años de programación artística, teatral, musical - es la que a día de hoy mantiene a La Casa Tomada con vida. “Es como un diente de león”, compara Nahieli. La venta del edificio les obligó a soplar la flor, pero hoy sus semillas se encuentran repartidas por diferentes puntos de la ciudad. “Nave Cine Metro, un proyecto de la Asociación Cultural Azoro, está generando un nuevo espacio de teatro comunitario. Y hay más iniciativas que han surgido de años de trabajo juntos”, explica. Y es que las sinergias van más allá de tener un plan operativo anual. “Es tomarte un café con alguien. Es pensar desde otro enfoque. Es sentirte en la confianza de equivocarte”, concluye.

(Ilustración de la portada: Hugo Steve Rivera)

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