El porcentaje de desperdicio alimentario en nuestros hogares llega al 42%, el más elevado de toda la cadena alimentario
  1. Planifica tu compra en función de los alimentos que necesites y de una dieta sostenible. No te dejes llevar por la compra compulsiva.
  1. Antes de nada, prepárate un menú semanal basado en verduras y frutas de proximidad y de temporada y compra sólo lo necesario para cocinarlo.
  1. No te dejes tentar por las ofertas y procura no hacer la compra con hambre.
  1. Organiza tu frigorífico: yogures y quesos en el estante superior; en la parte central alimentos cocinado; carnes, aves o pescados en los estantes inferiores; abajo, en los cajones, verduras y hortalizas; y en la puerta productos que no necesitan mucho frío para conservarse.
  1. Programa el termostato de la nevera a +5º C. y del congelador a -18º C. Temperaturas más frías, además de ser inútiles para conservar bien los alimentos, incrementan el consumo de energía: un 5% más de consumo por cada grado de menos.
  1. No confundas las indicaciones de fechas de consumo preferente y fecha de caducidad. Cuando llega la fecha de caducidad, no podemos comer ese producto. Pero una vez expira la fecha de consumo preferente los alimentos se pueden comer (pero no se pueden comercializar).
  1. Al cocinar, prepara las raciones adecuadas.
  1. Aprovecha los restos de alimentos y practica la cocina de aprovechamiento con tu creatividad o apoyándote en las recetas de aprovechamiento que encontrarás en internet.

Y recuerda, el desperdicio de alimentos no sólo supone un despilfarro de estos productos, sino también de agua, tierra, energía, mano de obra y dinero.

Según la FAO, las emisiones de gases de efecto invernadero del desperdicio mundial de alimentos suponen un 8% del total, lo que equivale casi a las emisiones mundiales del transporte por carretera. Si el desperdicio de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor del mundo.

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